La ruta del río de los 9 dragones

Por Silvia Franchi.

Realizar una travesía por el Delta del Río Mekong o Río de los 9 Dragones (por la fuerza de las inundaciones), es otra experiencia imperdible a la hora de visitar Vietnam. Se parte desde la ciudad de Ho Chi Minh por una carretera que llegará al puerto del cual partiremos rumbo a la aventura.

Camino al puerto visitamos un hermoso templo budista, de arquitectura cuidada y lujosa, lugar de oración de muchos monjes. Es un lugar de meditación y repliegue y podremos apreciar monumentos de Budas tanto chinos como tailandeses, que representan sabiduría, abundancia, paz y espiritualidad. Los budas chinos generalmente son gordos, porque representan la abundancia y la alegría, en cambio los tailandeses son más replegados y se los muestra en forma recostada o en postura de meditación. Son tradiciones religiosas que tienen miles de años y que aún se profesan en todo Oriente.

El templo tiene en su interior hermosas imágenes realizadas en maderas muy finas y cubiertas en hojas doradas deslumbrantes. Es un espacio de veneración. A un costado se puede apreciar una figura mítica.

Ya en puerto, tomaremos un pequeño barco, de gran sencillez, que nos llevará a navegar esas aguas inconmensurables. El Mekong tiene una superficie de 39.000 km2 y une a Vietnam con Camboya. Cuenta con más de 17 millones de habitantes, aunque la densidad poblacional tiende a decrecer y los más jóvenes emigran en búsqueda  de nuevas oportunidades. Es una población de pescadores y campesinos que se dedican mayoritariamente a la producción de arroz, ya que Vietnam es el segundo productor de arroz del mundo después de Tailandia. Una tonelada de arroz cuesta menos que un teléfono celular, con lo que podemos imaginar el escaso ingreso que tienen los campesinos. También son productores de vegetales, frutos exóticos, coco, y derivados de la miel. Realizaremos paradas durante el trayecto en las que estaremos en contacto con los productores.

La región del Mekong está habitada desde la prehistoria, y ha habido muchos movimientos por poseer esa región tan rica en alimentos. Durante la colonización francesa fue la zona de la Cochinchina, de modo que ahora sabemos que existe  ese lugar tan lejano. Durante la Guerra de Vietnam se produjeron enfrentamientos salvajes entre los guerrilleros Viet Cong y la Armada de Estados Unidos. Luego la región formó parte de la República de Vietnam.

Debido al cambio climático se producen fuertes inundaciones y la previsión es que algunas ciudades que se encuentran en sus costas van a desaparecer, por el avance de las aguas marinas si éstas se elevasen un metro sobre el nivel del mar. Se trata de una zona selvática y en verano azotan los mosquitos, época en la que no es recomendable viajar por el calor extremo y por los mosquitos. De hacerlo, es aconsejable consultar a un médico infectólogo para darse las vacunas convenientes para esa época. Sin duda hay que contar con repelentes. Existe una medicación que ahuyenta los mosquitos y otros insectos peligrosos, aunque en otras estaciones no es necesario. Enero y febrero (invierno) son buenos meses para visitar Vietnam.

Navegaremos en nuestro barco de cola larga y veremos exuberante vegetación, y cómo viven sus habitantes en pequeñas casitas de chapa y madera, que responde a su cultura milenaria.

En varias zonas se drena el río para que no se formen bancos de arena.

Nuestra primera parada será en un pequeño mercado, en el que se ofrecen  productos hechos a base de arroz, golosinas de arroz y miel, panificados, y otros regionales. Es un buen momento para tomar una colación y continuar el viaje. Se ve que los productos están hechos con dedicación y calidad afectiva.

Son asombrosos los frutos exóticos de esta región, por su tamaño y su forma, netamente de clima tropical, caluroso y húmedo.

La siguiente parada será un lugar en donde se fabrican los fideos de arroz, que no faltan nunca en la mesa vietnamita. Se los prepara en sopas, con salsas, con pescado, y es el pan de cada día. En el proceso de  elaboración, se hace una pasta de arroz que se coloca sobre una placa y se cocina. Luego se ponen sobre una base hecha con tejido de mimbre, y se dejan secar los discos hasta que estén oreados. Finalmente se los corta en una máquina y salen los fideos, que  se empacarán en paquetes redondos abundantes. 

Se invita a los turistas a cortar los fideos con la máquina procesadora, una actividad que se vive con mucha alegría y nadie quiere perdérsela.

Seguimos navegando y nos cruzaremos con los productores de hortalizas y frutales, que llevan su mercadería para venderla en distintos mercados flotantes, algo muy diferente a nuestra experiencia de  los mercados, que nos resultará muy interesante.

Es hora de almorzar e iremos a un restaurant campesino, sin paredes y solamente techado, con algunas  mesas largas. Allí se ofrece parrillada de culebras, ranas, ratas de agua, y otras carnes típicas. Hay opción de comer pollo, no hay que preocuparse, pero así son las costumbres. Vietnam es un país para visitar sin prejuicios, con mente abierta y sin temores occidentales. Todo saldrá bien.

Volvemos a nuestra barcaza y bajaremos en un lugar en el que se ofrecen  productos derivados de la miel y el coco, golosinas y cosméticos.  Una artesana nos mostrará hermosos collares hechos con  la cáscara del coco, pintados en colores vibrantes y alegres.

Todavía nos queda una aventura más, tomaremos unos botes más pequeños con capacidad para tres o cuatro personas. El bote se llama sampán y nos llevará por canales de exuberante vegetación, cocoteros,  y el silencio de la jungla. El remero lo desliza con un palo, como si fuera una góndola. Hay que sentarse bajito, y no moverse mucho porque puede volcar. Una experiencia que vale la pena.

Terminamos el día llegando a la ciudad de Can-Tho. Se divisa un puente importante sobre el Mekong, que se puede apreciar a la distancia y que une ambas orillas. La ciudad es pujante y muy comercial, llena de restaurantes y ferias nocturnas, en las que se vende ropa y todo tipo de objetos, a un precio excepcional. Los vietnamitas aprovechan las ofertas de estas ferias nocturnas y hay gran consumo.

Luego de cenar a las orillas del río, nos tomaremos un descanso para continuar nuestro periplo y completar el segundo día de recorrido por el Delta.

El regreso hacia Ho Chi Minh también se realizará en el mismo tipo de barcos de pasajeros. Veremos nuevamente a los productores que llegan al mercado flotante para vender su cosecha.

Haremos una parada en un campo de arroz.

Nuestra última parada será un lugar en el cual nos van a ofrecer un show improvisado de música vietnamita tradicional, con cantantes de voces agudas e instrumentos locales. Es una verdadera sorpresa escuchar notas y sonidos tan diferentes  a los que estamos habituados.

Aquí finaliza nuestra experiencia en Vietnam. Se pueden visitar otros lugares de interés cultural como la región de Sapa en el norte, o ciudades históricas como Hue o Hoi An, o continuar tomando días de descanso en las playas de Da Nang o Nha Trang. O podemos imaginar otro viaje para seguir explorando este país que tiene tanto para ofrecerle al mundo.