La ciudad de Hanói tiene mucho que ofrecer y se la puede recorrer en un día completo. Aunque lo ideal son dos días, para sumergirnos en la cultura y perdernos por sus calles, abarrotadas de comerciantes callejeros que venden verduras y frutos frescos, así como pequeños locales que ofrecen literalmente de todo lo que se nos pueda ocurrir. También se puede dar una vuelta en carritos empujados por una bicicleta, con un conductor que nos ofrecerá un paseo; los carritos se llaman “rickshaw”. Se les paga una propina a voluntad y se los puede invitar a tomar un café por lo que se sentirán agradecidos.

Los vietnamitas con excelentes artesanos y realizan trabajos bellísimos: porcelanas, el arte del laqueado, objetos bordados tanto a mano como industriales, que luego se pueden enmarcar, objetos pequeños y otros enormes, como un gong.

Visitamos un taller muy original, en el que se desarrolla principalmente el arte del laqueado. Se utilizan elementos como la cáscara de huevo para realizar la obra, que cortada en pequeños pedacitos y pegada sobre una superficie se le realizará una cobertura de láminas doradas, creando un relieve muy bonito. Los diseños son muy originales, emulando algunas obras de pintores europeos, paisajes, figuras geométricas, etc. También se hacen aplicaciones de nácar y luego se realiza el proceso final de alisamiento y laqueado. Se requiere de gran dedicación y paciencia para realizar estos trabajos con tantos detalles. El precio es muy accesible y nadie perderá la ocasión de llevarse un souvenir original (o varios).

Existen sederías que ofrecen prendas en seda natural muy delicada, con gran variedad de diseños y colores, foulards, chalinas, vestidos, túnicas y sedas por metro.  Las sedas son livianas y no agregan mucho peso al equipaje, lo que las hace imperdibles.

Fue una sorpresa encontrar una escuela secundaria en el horario en que salían los adolescentes, trasladándose en moto con gran algarabía. Los jóvenes suelen ser muy alegres y salen en grupo a tomar una gaseosa o comer algo por la calle. En Vietnam no se consumen drogas ni alcohol. Aunque lamentablemente hay oferta para los turistas, particularmente europeos y norteamericanos.

Nos queda por conocer un museo muy interesante, el Museo de la Etnología, inaugurado en 1997, bien presentado y que cuenta con espacios tanto interiores como exteriores. Se  puede apreciar la evolución de la cultura vietnamita, sus costumbres y su folklore. Se muestran objetos utilizados por las distintas tribus étnicas originarias de Vietnam, que fueron aproximadamente 56 o más. Se exhiben canoas, herramientas para la agricultura, cerámicas, armas milenarias, vestimenta tanto femenina como masculina,  reproducción de la vida familiar, lo que nos permite adentrarnos en sus  orígenes y tradiciones.

En los espacios exteriores se pueden ver los distintos tipos de viviendas que se utilizaban en tiempos pasados, y que reflejan fielmente su estilo de vida. Las viviendas fueron reproducidas por personas nativas de cada región.  En ellas habitaban familias enteras, y a medida que los hijos formaban familia se agregaban habitaciones. Aun hoy, los vietnamitas viven en comunidad familiar, generalmente conviven las tres generaciones. Una de ellas es llamativa  y está construida sobre el agua sobre pilotes; en otra entrega veremos cómo viven los vietnamitas sobre el  delta  del río Mekong.

En la vivienda que se muestra debajo pueden verse las habitaciones agregadas a medida que crece la familia.

Y otra casa original, de techo elevadísimo de 19 metros de altura, a la  que se sube por una escalera empinada.

Las casas están emplazadas en un jardín natural con árboles y plantas de las distintas regiones.

Hay una tumba con figuras primitivas que muestran actitudes sexuales y que expresan espontáneamente los deseos humanos primarios.

Al fin de la tarde, cuando va cayendo el sol, visitaremos  el templo de la montaña de Jade y pasearemos por la orilla del lago Hoan Kiam, lugar de esparcimiento para los locales, que pasean por la tarde  y al anochecer. Se puede ver una columna budista en honor a los escritores  denominada la torre de la pluma.

En los templos y en casi todas las recepciones de los hoteles  hay un espacio  con un pequeño santuario budista y ofrendas de agradecimiento, como flores, frutas, cafés, tés y alimentos.

Si aun queda algo de energía, al atardecer o noche hay un teatro en el que se ofrece un espectáculo curioso que consiste en una historia protagonizada por marionetas acuáticas (water puppet show), cuyos orígenes se remontan al siglo XI y que consistía en un entretenimiento de los aldeanos del Río Rojo. Los artistas dialogan la historia y los músicos, ubicados a los costados, cantan con tonos sobreagudos. Las personas que manejan las marionetas se sumergen hasta la cintura en el agua. El espectáculo se muestra en una sala totalmente oscura y se iluminan solamente las marionetas y pequeños botes que navegan a su alrededor. Aunque no vamos a entender los diálogos, es una muestra cultural bella y hecha con dedicación.

Hemos finalizado nuestro recorrido por Hanói, y descansaremos  para partir al día siguiente hacia la Bahía de Ha-long, una experiencia sorprendente y maravillosa .