Se cumplen 43 años del último golpe de estado cívico-militar. Durante ese período se instauro una dictadura entre los años 1976 y 1983, que contó con el apoyo de la Sociedad Rural, el sistema financiero y los principales grupos económicos del país, y que tuvo como principal objetivo la destrucción de la organización del movimiento obrero argentino.

Por Nicolás Bulacio.

El 24 de marzo de 1976, las fuerzas armadas derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. La última dictadura militar, a diferencia de las anteriores, fue provocada por la cúpula de las tres fuerzas
militares, ellos eran el Almirante Emilio Eduardo Massera, el Brigadier Orlando Ramón Agosti, y el General Jorge Rafael Videla, quien fue nombrado presidente de la nación por la autoproclamada junta militar.

Una de las primeras medidas represivas de la dictadura fue la intervención de la Confederación General del Trabajo (CGT) y sus respectivos gremios. Se prohibió toda actividad sindical y de protesta, y fueron encarcelados muchos
dirigentes sindicales.

La dictadura militar también dio un giro importante en la política económica. Tras más de tres décadas de modelo industrial, el ministro de economía José Alfredo Martínez de Hoz comenzó a aplicar una política monetaria donde los grandes bancos, las empresas multinacionales, la sociedad rural y los grupos económicos concentrados fueron los principales beneficiarios. La liberación de importaciones y la hiperinflación golpearon con dureza el salario y la situación económica de los trabajadores argentinos. El cierre de fábricas y comercios provocó una ola enorme de desocupados.

Tras la desorganización que generó la intervención y el control militar, sumado al ajuste que provocó la política económica, los trabajadores comenzaron a tomar distintas medidas de protesta, como la paralización de sus tareas en pequeños tramos y el trabajo a desgano.

Pero luego, en la clandestinidad, comenzó a organizarse un conjunto de gremios que pasó a llamarse la “Comisión de los 25”. Este grupo contaba con sindicatos de peso como la UOM, el SMATA, Camioneros y la Unión Ferroviaria. La Comisión de los 25 organizó distintos tipos de medidas de fuerza como el trabajo a reglamento y el sabotaje. Lograron también organizar desde las bases a los delegados de fábrica en un movimiento obrero que había quedado desarticulado, pero también indefenso por la represión estatal.

Las medidas de fuerza provocaron la reacción del régimen quien detuvo a varios de sus participantes. Muchos de ellos fueron perseguidos y hoy se encuentran desaparecidos.

También intentaron dividir las fábricas más numerosas a través de traslados de personal, como forma de debilitar las zonas en donde había más poder de organización en los obreros.

La dictadura militar se cobró la vida de 30 mil personas. Pero en el caso del movimiento obrero fue mucho mayor la violencia estatal que se vivió, ya que el 40% de los desaparecidos eran trabajadores sindicalmente organizados.

En capital federal, los trabajadores de la electricidad, bajo el gremio de Luz y Fuerza organizaron un plan de lucha que consistía en la paralización de las actividades, el trabajo a desgano y el sabotaje eléctrico. A pesar de las
amenazas sufridas por el terrorismo de estado, los obreros continuaron con la pelea que venían dando. Muchos de los trabajadores de Luz y Fuerza fueron perseguidos, encarcelados y desaparecidos. El 11 de febrero de 1977 fue secuestrado por un grupo de tareas el Secretario General del gremio Oscar Smith, y hoy continúa desaparecido.

Para contrarrestar la organización y lucha de la clase trabajadora, la dictadura, además de la represión, intentó construir un sindicalismo que le fuera más cercano a sus intereses. De esta forma surgió la Comisión Nacional del Trabajo (CNT) encabezada por el dirigente de los trabajadores plásticos Jorge Triaca y que contó con el apoyo de gremios como Comercio y Gastronómicos.

Al crecer la organización de la comisión de los 25, se constituyo la CGT Brasil. Esta central tuvo como líder al dirigente de un gremio muy pequeño de 6 mil afiliados que fue Saul Ubaldini, que logró consensuar la postura de todos los integrantes de la recientemente conformada central obrera.

El 29 de abril de 1979 se realizó la primera huelga contra la dictadura, la represión y su política económica, donde tuvo un acatamiento parcial debido al miedo que provocaba el terrorismo de estado con las desapariciones de
personas. La CNT decidió no participar de la medida de fuerza argumentando que la mejor forma de resolver los problemas era a través del diálogo.

Pero el desgaste que provocó su política represiva y el modelo económico de hiperinflación y desocupación terminaron debilitando aún más a la dictadura. El 22 de julio de 1981 se realizó otro paro contra el gobierno militar que tuvo un alto acatamiento, con mayor fuerza en las grandes ciudades y que terminó con represión por parte de las fuerzas de seguridad.

El 7 de noviembre de 1981 se convocó a una marcha a San Cayetano bajo la consigna Paz, Pan y Trabajo. Esta movilización sumo a distintos sectores de la sociedad, además de los trabajadores, donde demostraron su descontento con el régimen. A partir de entonces, el lema de esta movilización fue utilizado para convocar a cada una de las medidas de protesta.

El 30 de marzo de 1982 se realizó un paro que contó con el apoyo de todos los sectores del sindicalismo, descontentos con la dictadura. La huelga se realizó en todo el país, pero la más importante se concretó en Capital Federal. El objetivo de los convocantes era llegar a Plaza de Mayo y realizar un acto frente
a la Casa Rosada. Pero dos cordones de la fuerzas de seguridad impidieron el acceso. Esto provocó encontronazos con la policía, represión y varios detenidos, entre ellos el secretario general de la CGT Brasil Ubaldini. Hubo muchos heridos en todo el país, mientras que en Mendoza un obrero perdió la vida.

Tres días después, el 2 de abril de 1982 se produjo la recuperación de las Islas Malvinas por parte de las fuerzas armadas. La reacción de buena parte de la sociedad no se hizo esperar, quienes se movilizaron hasta la Plaza de Mayo para brindarles su apoyo a los militares. Tras este hecho, la dictadura tuvo un respiro y recuperó un apoyo importante, pero la derrota en la guerra contra los ingleses el 14 de junio generó el enojó de la población que se volcó a las calles a pedir la renuncia del régimen.

El 16 de diciembre de 1982, una movilización convocada por la recientemente creada Multipartidaria (Partido Justicialista, Unión Cívica Radical, Partido Intransigente y el Movimiento de Acción y Desarrollo), organismo que se
conformó para negociar una salida democrática a la dictadura; la Juventud Peronista, organismos de Derechos Humanos como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, pero donde se hizo notar el movimiento obrero encolumnado
en la CGT, reunió a más de 100 mil personas.

Mientras los trabajadores agitaban la consigna de Luche y se Van, y pedían a grito el llamado a elecciones, un policía disparó por la espalda y asesino al obrero metalúrgico Dalmiro Flores. Esto provoco la furia de los manifestantes quienes comenzaron a arrojarles piedras a los policías, mientras que un grupo de trabajadores intentó ingresar a la Casa Rosada tratando de derribar la puerta de entrada. Las fuerzas de seguridad respondieron con una feroz represión que se replicó en distintos puntos de los alrededores de la plaza.

Luego de esto, la dictadura militar que ya venía en retirada, terminó sufriendo el golpe final de un pueblo cansado de tanta represión y muerte por parte del aparato represivo del estado, y de un modelo económico devastador como fue el de Martínez de Hoz que provocó hiperinflación y desocupación, y al poco tiempo terminó llamando a elecciones para el año siguiente.