Su evolución: siglo XVIII a comienzos del XX

Por Silvia Franchi. 

Durante el siglo XVIII nace la ópera buffa napolitana, que influyó poderosamente no solo en el canto, sino también en la interpretación y teatralidad de las canciones napolitanas. Así las arias operísticas se convirtieron en un modelo que emulaba las canciones populares. También se la ha denominado commedia per musica o dramma giocoso per música, es una ópera de género cómico y constituye la contraposición estilística de la ópera seria o dramática.

Los ejemplos de ópera bufa son muy variados y aun hoy concurren multitudes al teatro toda vez que se ponen en escena El barbero de Sevilla, de Giacomo Rossini o Las bodas de Fígaro, de Wolfgang Amadeus Mozart. Hubo algunas otras, aunque el género comenzó a declinar en el siglo XIX. Se ofrecían en teatros populares y el público gozaba enormemente con sus temas desopilantes y su música alegre. Era una fiesta concurrir al teatro a ver la ópera cómica. Hasta el presente estas obras convocan al numeroso público melómano y son aconsejables también para los que quieran iniciarse en el bel canto.

Durante el siglo XIX se producen grandes cambios debido al nacimiento de las editoriales musicales, determinantes para la difusión de la música napolitana. Los editores y recopiladores  de canciones rescataron centenares de obras, ya que eran muchos los que se inspiraban en la vida diaria para dar luz a obras que son puro sentimiento. De hecho los tenores o grandes voces que las han interpretado y aún hoy lo hacen, expresan que deben cantarse desde el corazón, con gran sentimiento, por lo cual es doblemente difícil en virtud de que el ánimo y la energía de los cantantes no siempre son iguales y requieren un mayor esfuerzo en tal caso.

También estaban los llamados posteggiatori,  músicos ambulantes que cantaban canciones y vendían los textos, muchas veces modificados por ellos mismos. Fueron épocas doradas para la canzone napolitana.

Comenzaron a realizarse fiestas en honor a Santa María de Piedigrotta y en esas ocasiones se realizaban concursos de canciones que en su primera edición, ganó la famosa Te voglio bene assaje (“Te quiero tanto”), escrita por el famoso Rafaelle Sacco y musicalizada por Felippo Campanella. Estas fiestas, enormemente esperadas año tras año,  fueron fundamentales para la creación de nuevas versiones y también para la revelación de talentos que daban un gran paso hacia la fama. Era el festival más notable de la época.

Otras canciones ocasionalmente podían tener un contenido político o subversivo; aludían a la libertad y a valores que molestaban a ciertos sectores de la sociedad, por lo cual algunas llegaban a prohibirse por las autoridades de turno.

A fines del siglo XIX y principios del XX aparece un nuevo estilo de canción napolitana, de carácter satírico, que se llamaba machietta. La machietta era un personaje del teatro de variedades que caricaturizaba o se mofaba de otros personajes de la sociedad del momento, como los políticos, los curas, las amantes, las feministas o los recaudadores de impuestos. Dicha crítica social era bastante superficial y solamente buscaba lograr la risa del público. El gran actor Totó comenzó su carrera teatral a principios del siglo XX participando en las macchiette.

Entrando ya en el siglo XX y durante las fiestas de Piedigrotta surgieron los grandes autores que trascendieron por décadas, hasta el presente en sus nuevas versiones, como Salvatore di Giacomo, Libero Bovio, Ferdinando Russo y Ernesto Murolo. En estas épocas la canción napolitana comenzó a tener la influencia del ambiente intelectual y aparecieron temas dramáticos y pesimistas, que matizaron su carácter cómico originario. Aparecen los versos de A Vucchella, de Gabriele D´Annunzio, que fue desafiado por Ferdinando Russo quien le reprochaba su incapacidad de escribir en napolitano. Todas las canzonetas están escritas en dialecto napolitano, lo cual significa otro gran desafío para los intérpretes porque no es el italiano oficial o puro. Esta canción, A Vucchella, apareció en 1904 y le puso música Francesco. 

Tosti; prácticamente no hubo tenores o grandes cantantes que no la interpretaran, desde Tito Schipa hasta Mario Lanza, desde Enrico Caruso a Franco Corelli y desde Luciano Pavarotti a Andrea Bocelli, el espectro de interpretaciones es inigualable, vivaz y de gran sentimiento.