Por Pedro Sánchez Trapes.   

 El inicio de la pandemia obró como luna de miel para la grieta argentina, ya que encontró a una población paralizada frente al advenimiento de una pandemia. No hubo tiempo para divisiones y prácticamente todos los políticos en gestión decidieron ubicarse tras la figura del presidente, quien asumió el costo político de decretar el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, con los beneficios y perjuicios que acarrea tomar una decisión de tal magnitud. En aquel lejano marzo, el presidente Alberto Fernández llegó a tener un nivel de aprobación del 97% (1).

Pero, como a toda luna de miel le llegó su fin, siendo la decisión del Gobierno de intervenir Vicentin la gota que rebalsó el vaso. La pandemia se acompaña de un contexto internacional en franco retroceso, configurando así, un cuadro de situación excepcional, el cual requiere decisiones en el mismo sentido. Este marco revoltoso – signado por una nueva normalidad que nos interpela en todos los aspectos de nuestras vidas, sobre todo en la percepción temporal- actúa como una olla a presión, acumulando tensiones sociales de manera algorítmica. La ruptura de la grieta se ve graficada en el estudio publicado por Giacobbe y Asoc.(2), donde el 47% de la población votaría en contra de la Expropiación de Vicentín en caso de ser diputado, construyendo un claro indicador del rechazo general a la medida, pese al alto grado de desconocimiento (37% según Zuban Córdoba y Asoc.)(3). 

Toda ruptura, trae nuevas demandas. El mismo estudio, relevó las principales preocupaciones de los argentinos. En la misma, el Coronavirus figura en tercer lugar. Mientras que el primer lugar se lo llevan tanto la Economía como la Corrupción. De ello derivo dos hipótesis:

1)  El hecho de que una crisis sanitaria mundial figure en tercer lugar en las preocupaciones de los argentinos habla de (por lo menos) una buena gestión en materia de Salud Pública. Sin dudas, es el caballo de batalla del presidente. El interrogante que genera es si podrá Alberto Fernández avanzar en la mitificación de la salud como bandera política. Si podrá construirlo en un metarrelato. 

2) La sociedad hoy está exigiendo respuestas a cuestiones que, hasta hace poco estaban en un segundo plano. No ponerse de frente a la postura de un alto porcentaje de la sociedad, no sería una buena decisión estratégica. 

Por lo antedicho pienso que Alberto se encuentra en una encrucijada comunicacional: seguir desandando un camino donde priorice la salud por sobre encima de los demás problemas (donde, a mi modo de ver, no captará más apoyo del que ya tiene), o empezar de ampliar el abanico y dar respuestas a otras demandas. Creo que posee argumentos con los cuales empezar a brindarlas, poniendo en valor acciones concretas de su imberbe Gobierno, como el IFE, el APT o el Plan Argentina contra el Hambre, aunque paliativas, tienen propósito de soluciones a problemas de índole económica. 

En el mismo sentido, también debería brindar seguridades en torno a la Corrupción. Poner a Pichetto en la AGN puede ser una buena señal en ese camino. Volver a generar confianza en las instituciones y en la burocracia del Estado siempre es buena señal para cualquier democracia.

El hecho de no construir contenidos propios frente a las principales demandas de un amplio sector de la sociedad puede atentar seriamente contra la capacidad de diálogo, algo que siempre trajo y traerá consecuencias peores. El horizonte de Alberto Fernández avizora nuevas búsquedas discursivas. De lo contrario, no podrá dar el salto de la fase carismática de ser “el presidente que cerró la grieta” a serlo en hechos burocráticos e institucionalizar esos cambios (4).

1) Zuban Córdoba y Asoc. 2do Informe Coronavirus en Argentina. Marzo 2020

2) Giaccobe y Asoc. Informe IV Especial Covid19. Junio 2020

3) Zuban Córdoba y Asoc. Informe sobre Vicentin Argentina. Junio 2002

4) Comunicación gubernamental en Acción. M. Riorda/O. Rincón (editores). Editorial Biblos