En tiempos de Coronavirus, navegamos por aguas desconocidas, y tanto las autoridades como los trabajadores de la salud pública están luchando por mantenerse al día. Las noticias se transmiten minuto a minuto y el paisaje va cambiando.

Por la Dra. Silvia Franchi (Dra. en Psicología Universidad del Salvador, ex docente Universidad Católica Argentina y Universidad Nacional de La Plata)

Si bien la pandemia COVID-19 es única en muchos sentidos,  hay algunas reflexiones psicológicas que pueden ayudarnos en este tránsito.

 

1) Las redes sociales pueden aumentar la ansiedad más que los medios tradicionales

 

A medida que las personas leen  más sobre el virus en las redes sociales, su percepción del riesgo aumenta. También existe una sobre-información que incrementa las preocupaciones.

Las redes sociales contribuyen a crear conciencia sobre las nuevas amenazas de la enfermedad y evitar confusiones o información falsa. Sin embargo, en la pandemia actual, el constante aluvión de información en los medios tradicionales se ha tornado problemático.

 

2) Demasiados medios de cualquier tipo pueden socavar la salud mental

 

La sobre-información puede amplificar la angustia y el desencadenamiento de crisis de estrés agudo, en las que se disparan tensiones que superan el nivel de tolerancia de cada individuo y un malestar generalizado, plagado de preocupaciones por la salud, la familia, la economía, el futuro, etc. Este panorama se verá agravado en aquellas personas que ya venían sufriendo altos niveles de desajustes emocionales.

La información se debe ofrecer de forma coherente y autorizada, pero el estrés y la ansiedad pueden ser exacerbados por demasiados medios. Es importante controlar la cantidad de tiempo que se está inmerso en las noticias.

 

3) La falta de control alimenta el estrés

 

Nuestra sensación de riesgo puede magnificarse al mirar los datos, las estadísticas y las evidencias que se informan. Permanentemente se transmiten números de contagiados y de pacientes fallecidos, que desatan alarmas. El miedo aumenta cuando la amenaza es nueva y desconocida, como en este caso, se tiene poco control sobre los hechos, más aun cuando se escuchan historias alarmantes sobre la enfermedad y la muerte. 

En cambio, el enojo puede disminuir la sensación de riesgo, de allí que haya personas que salen a expresarse públicamente sin ningún cuidado.

No sabemos cómo se desarrollará la pandemia en el futuro y es válido cuidarse y preocuparse, sin perder el control.

 

 

4) Manejar el estrés AHORA puede prevenir problemas a largo plazo

 

Cuando se sufren situaciones traumáticas y extremas, existen mayores probabilidades de tener resultados negativos a largo plazo en la salud mental y física, incluidos malestares como aumento del dolor, discapacidad y aun la muerte. Se pueden producir incrementos de ansiedad, depresión y otros trastornos psiquiátricos como la exacerbación del miedo al contagio aliada a conductas compulsivas de desinfección y limpieza.

La convivencia familiar durante 24 horas también puede disparar conflictos familiares, discusiones, y lamentables casos de violencia con su mayor exponente, el femicidio. Es decir que abordar los síntomas de estrés desde el principio puede ayudar a prevenir problemas futuros de salud.

 

5) Necesidades de los trabajadores de la salud

 

Los trabajadores de la salud que se ocupan de la primera línea de atención de los enfermos deben afrontar un intenso estrés y cansancio, que podría reflejarse en su propio contagio y en un estado de angustia e impotencia permanentes. Deben implementarse mecanismos para que ellos también reciban alguna forma de contención y cuidados, que puedan contar con elementos de protección adecuados y que sean bien tratados.

 

6) La cuarentena y el aislamiento pueden aumentar las probabilidades de resultados negativos

 

En adultos se pueden producir efectos psicológicos negativos, incluidos síntomas  de estrés post traumático, confusión y enojo. Los funcionarios deben tomar medidas para mantener las cuarentenas lo más cortas posible,  proporcionar una justificación clara e información sobre los protocolos y asegurarse de que las personas aisladas tengan acceso a suministros suficientes.

Es importante mantener abierta la comunicación en la familia, entre padres e hijos, contener a los niños y tener una vida lo más saludable posible en el hogar.

Búsqueda de ayuda psicológica

Otros fenómenos laterales que aparejó la pandemia son el desarrollo de conductas obsesivo-compulsivas, como pretender desinfectar sobre lo desinfectado, o desarrollar pánico por temor a tocar objetos que podrían estar contaminados, pero de los que no tenemos certeza. Estas conductas incrementan la ansiedad, el pánico y generan mayor incertidumbre. El sueño se verá alterado, las preocupaciones no tendrán límite y el cuadro se agravará, sumado a la condición de confinamiento. También muchas personas desconfían de las operaciones bancarias vía Internet (“home banking”) y prefieren tomar el riesgo de concurrir a los bancos para hacer operaciones simples, como pagar los servicios, que implica exponerse al contagio innecesariamente, particularmente las personas mayores.

Los gobiernos municipales y provinciales deberían ofrecer atención psicológica por vía telefónica gratuita, ofrecida por profesionales de la salud mental, a fin de contar con una contención psicológica que atenúe la potenciación espiralada negativa del descontrol emocional. Hablar con una persona experta puede ayudar a sobrellevar el malestar.

“Lo que no te mata te fortalece”

El desarrollo de defensas psicológicas es un factor importante para afrontar la pandemia, a través de incrementar la tolerancia, cuidarse a sí mismos y a los demás con un espíritu contenedor y mantenerse fuertes, sin perder la esperanza. La pandemia va a pasar y tendremos que reconstruir lo perdido, trabajar y valorar los vínculos más que nunca. Como decía San Agustín: “Lo que tenga que pasar, pasará, de todas formas va a pasar”.