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Stranger things 3: El significado de crecer

Stranger things 3: El significado de crecer

 La tercera parte de uno de los éxitos de Netflix ya es una realidad, y acá te contamos todo lo que nos trajo esta nueva temporada.

Por Maximiliano Muñoz.

 Luego de una espera de año y medio, ha llegado una de las series con las que Netflix comenzó a entender la fórmula para producir éxitos que con los años se transforman en productos rentables seguros o, como ha pasado con la propia Stranger things, en un Blockbuster del streaming. Y es que esta serie es, sin dudas, una de las más seguidas de Netflix, y de las que más fanáticos ha cosechado.

¿Pero qué es lo que ha cautivado de esta serie? Para aquel o aquella que nunca ha escuchado sobre esta serie, hay tres puntos que son la base clara de su éxito. Primero que nada, en la primera temporada, la historia nos presenta a un grupo de niños en la década de 1980, y a un pequeño pueblo de Indiana, llamado Hawkins. Si bien parecía ser un lugar tranquilo, todo cambia con la desaparición de Will, uno de los miembros de este grupo de protagonistas. Y cuando cosas extrañas comienzan a suceder, todo empeora cuando descubren que el niño ha quedado atrapado en una especie de dimensión desconocida, cuyo portal está justamente en Hawkins. Además, el grupo de chicos se encuentra con una niña misteriosa que los ayuda en la búsqueda de Will; una niña de nombre Eleven (Once) que apenas puede socializar y no conoce nada de su pasado, salvo por el hecho de que tiene que poderes mentales. Todo esto desata una serie de sucesos que cambiarán sus vidas para siempre. 

Aquí se presenta uno de los factores que más han gustado de esta serie: la ambientación. Ésta a su vez se divide en dos. Por un lado está el claro amor que sus dos creadores y directores, los hermanos Matt y Ross Duffer, le tienen a toda la cultura pop norteamericana de los años ochenta, y en especial, su pasión por el cine. La ropa, la música y un sinfín de referencias a aquella época es algo que se encuentra en cada episodio, y algo que define la identidad de la serie. Por otro lado, al tener la presencia de una dimensión desconocida, es claro que el universo cinematográfico es la ciencia ficción; y los Duffer logran captar muy bien este género, resaltando muy efectivamente todos sus clichés. A este formato se le suma un estilo visual oscuro, que se equilibra muy bien con las mentes infantiles de varios de los protagonistas, y que por muchos momentos hasta no tiene miedo de crear escenarios de terror.

Otro de los puntos está en sus protagonistas. Si bien son varios, entre los adultos y los niños, cada uno de ellos es un personaje bien construido y varían entre lo carismático y lo nerd, y logran fácilmente un apego con el público. La segunda temporada resaltó muchísimo por este factor humano y la decisión de formar distintos grupos con personajes que tenían una gran química juntos en pantalla. Esta nueva temporada es fiel a todo esto pero duplicado. Siguen sus personajes con relaciones más complejas; sigue su ciencia ficción ahora mucho más oscura y turbia; y continúa su cultura pop ochentera exprimida a su punto más paródico.

Una nueva aventura

La tercera temporada nos adentra al verano de 1985, un año después de los sucesos con los que terminó la segunda parte, cuando Eleven cerró el portal a la otra dimensión. Pero una conspiración de un grupo secreto ruso -si, años ochenta, años de Guerra fría- volverá a complicar las cosas. Sin dudas, se puede asegurar que esta temporada supera a una segunda que cayó de manera regular en el público, pero no llega a igualarse con lo sensacional de la primera. A pesar de esto, la tercera parte aprende de sus errores y supo cómo explotar aún más su narrativa de manera efectiva. 

Uno de los problemas que se les pudo haber surgido a los escritores, era el hecho de que sus protagonistas más jóvenes, pasaron de aquellos pequeños tan tiernos de la primera temporada a unos adolescentes en pleno desarrollo. Y hubiera sido muy peligroso mantener muchas personalidades si ya es muy notorio la maduración física de, en este caso, Mike, Dustin, Will, Lucas, Max y Eleven. Pero al contrario de volverse algo negativo, este factor más adolescente que se le introduce a la historia funciona muy bien. No sólo por la comicidad que le suma, sino por el hecho mismo de que el personaje y el público crezcan juntos. Se le agrega el hecho de, por ejemplo, las hormonas adolescentes, con un Mike y Eleven que no dejan de estar juntos; o el hecho de que Will sea el único que aún sigue con los juegos de rol, a diferencia de sus amigos que ya no les parece tan divertido; y hasta el hecho de que en este crecer e interesarse por otras cosas, hacen que los personajes se sientan más separados entre sí, para después desarrollar un lindo mensaje sobre la amistad.

Los dos primeros capítulos sirven a modo de introducción a esta nuevas facetas de los protagonistas, y sobre qué anda haciendo cada personaje, siendo adolescente, joven o adulto. Ciertamente son sus episodios más coloridos, y donde los hermanos Duffer deciden experimentar un poco más con la comedia en el universo que crearon. Y es que la comedia es un género que tiene mucha más presencia que en las temporadas anteriores, y utilizan a la música y la puesta en escena como herramientas narrativas muy potentes. A partir del tercer episodio, y durante todo el desarrollo del nudo de la temporada, recién ahí volvemos a sentir la atmósfera característica de la serie, la que te recuerda que esto es Stranger Things. 

Acá habría que hacer un parate y enumerar tantos los pros como los contras de esta temporada en general. Todo lo bien que hizo la serie antes, lo mantiene ahora y hasta se atreve a jugar mucho más. Si los easter egg y referencias al cine de los ochenta ya eran parte de la esencia misma de la historia, aquí se explota más, y la enriquecen si uno entra en la lógica que ofrecen, la cual es hay cosas que no hay que tomarlas en serio, y sólo hay que sentarse a disfrutar. El ejemplo más claro está en los estereotipos de los villanos, teniendo a grupo de comunistas de la Unión Soviética, y todo el ambiente de paranoia al estilo de teorías conspirativas; o también uno de los matones que es un Arnold Schwarzenegger andante, con ropa, planos de cámara, y banda sonora calcadas de Terminator de 1984.

La problemática principal de la temporada no es dentro del todo original, y funciona como un homenaje propio a películas como La invasión de los usurpadores de cuerpos, de 1956. Y hasta se repiten muchas cosas que ya se utilizaban antes, refiriéndonos a las soluciones para arreglar el problema; o que de nuevo tenemos distintos grupos que van investigando cada uno por su lado, para después -hacia el final- unirse todos en un sólo grupo. Pero más allá de eso, son de nuevo los personajes los que resaltan, y permiten opacar cualquier factor negativo. Logran dar un equilibrio a todos los personajes, y aunque sí haya unos que no avanzaron tanto como otros, sí siguen estando presentes, y se destaca la habilidad del guión para poder -aunque sea un episodio- darle un lugar en la trama. Los grupos están bien armados y la química entre todos levantan mucho a la serie.

También nos suman dos personajes nuevos que terminan enamorando. Uno es la hermana de Lucas, Erica, de quien ya parte del público se había declarado fanático de la niña por su personalidad tan extrovertida y madura para su edad. Aquí logran darle un poco más de participación en la historia, al igual que al muchacho malo, Billy, quien había sido rezagado en la segunda temporada. El otro personaje es uno completamente nuevo: Robin, una joven que trabaja con Steve en el nuevo centro comercial de Hawkins -principal escenario de la temporada-. Ella logra una gran química con el personaje de Joe Keery, y no termina siendo un agujero en el guión, sino que tiene participación importante; Robin es interpretada por Maya Hawke, hija de la famosa actriz, Uma Thurman.

Ya los episodios siete y ocho, los que cierran la temporada -siendo el octavo el más largo con una hora y veinte minutos de duración-, son el clímax y lo mejor de esta tercera parte. Sin dudas, el mayor presupuesto le ha dado una ventaja de efectos y producción mucho mejores, logrando geniales momentos. Y esto es lo que coloca a la temporada en lo alto: sus grandes momentos con personajes memorables. Si bien algunas cosas llegan a ser predecibles, esto no quita la sensación de un final muy explosivo, emotivo y que deja el camino libre para una cuarta temporada más que confirmada.

La tercera temporada de Stranger Things no decepciona. Se nota el cambio de presupuesto y la libertad narrativa que adquirieron los hermanos Duffer, y nos traen una historia que varía muy bien entre la comedia, el terror, la aventura y la ciencia ficción. Con un gran diseño de producción y una banda sonora espectacular, que son parte esencial de la serie. Todos y todas las protagonistas se enfrentan a nuevos problemas, siendo atravesados todo el tiempo por una metáfora sobre el significado de crecer; no sólo los adolescentes, sino también los adultos. Es una temporada reflejo de la maduración, tanto de la serie misma, como de sus personajes. 

Sin dudas, los hermanos Duffer tendrán que innovar un poco más en el guión, que sí es algo repetitivo, y que puede llegar el momento en donde sus personajes y estilo no podrán ayudarlo. Un universo de Stranger Things ampliado y que nos deja la sensación de que están preparados para mucho más, y para terminar de consolidarse como el blockbuster de Netflix; y hasta el momento, como uno de los buenos.