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¿Quién se acuerda de Irak?

¿Quién se acuerda de Irak?

Por Leonel Sánchez Alpino

¿QUIEN SE ACUERDA DE IRAK?

Por Leonel Sánchez Alpino.

Hoy se cumplen 16 años de uno de los primeros hechos nefastos del siglo XXI, una muestra cruda de que el cambio de milenio no traería aparejado un momento de sabiduría y reflexión, sino que representaría tan solo una mera alteración de calendario en un mundo donde la injusticia suele ser moneda corriente.

Pues el 12 de abril del año 2003 las tropas de la coalición internacional dirigida por Estados Unidos se hacían con el control de BAGDAD,  aquella ciudad árabe conocida como la cuna de la civilización, la joyita de las crónicas de las mil y una noches, quedaba reducida a una postal del fin del mundo: muertos en las calles, edificaciones convertidas en cenizas, llantos, gritos, pánico, saqueos por doquier, y un ejército invasor avanzando a paso implacable. Una escena muy similar a la que recuerdan las obras de historia medieval sobre la única invasión semejante que había sufrido Bagdad hasta el momento: la que protagonizaron las hordas mongolas en 1258. El tercer milenio había comenzando imitando lo peor del anterior.

La capital iraquí estaba diezmada desde hacía días, puesto que la conquista fue precedida por una lluvia de bombas que pulverizó poblaciones enteras. El caos generado por los estadounidenses parecía una estrofa de la descripción del infierno hecha por Dante Alighieri en su “best seller” del siglo XIV, “La divina comedia”. El nombre que los militares le asignaron a los ataques aéreos fue “Operación Conmoción y Pavor”, bastante paradójico dado que se suponía eran libertadores.

La capitulación de Bagdad vino acompañada de su escena más icónica, en el centro de la ciudad un marine llamado Edward Chin refregó la bandera estadounidense sobre el rostro de una estatua de Saddam Hussein, era la representación exacta de la prepotencia de quienes pasaban a convertirse en dueños del país. Sus compañeros de armas le advirtieron entonces que en el lugar ya había periodistas, Chin disimulo rápidamente y tomó una bandera iraquí para posar sobre la cara del derrocado Presidente, ¡claro! no había que olvidar el marketing.

El hombre detrás de la estatua, el verdadero Saddam, el de carne y hueso que fue sostenido por la CIA mientras servía y declarado enemigo público cuando ya no,  fue perseguido como una presa de caza y finalmente capturado recién ocho meses después. Las cámaras retrataron el momento en que los soldados lucían, armas en mano, frente al viejo líder caído en desgracia, era la representación más pura del cazador presentando a su presa, del mercenario con su trofeo de guerra. Confinado y torturado por dos años, Hussein fue víctima de un juicio en el que le mataron más de diez abogados y abundaron los testigos falsos sobre supuestos crímenes que le imputaron para poder condenarlo a muerte, lo más llamativo es que en ningún momento se mencionaron las armas de destrucción masiva que Bush citó para justificar la guerra, ¿pero no es acaso por ello que estaban invadiendo el país?

En diciembre de 2006 sucedió lo guionado: Saddam fue condenado a muerte y ahorcado mientras los celulares de los ejecutores grababan el momento para luego viralizarlo por todo el planeta, ¡Ahora si! “primer registro de modernidad” en un relato que parece del medioevo.

Tras 16 años de ocupación, el número de muertos superó por largo al millón de personas y la realidad de medio oriente se alteró para siempre: con el tiempo la región acabaría por desestabilizarse entera, los muertos cruzarían las fronteras, aparecerían el Estado Islámico y los señores de la guerra, Irak se convertiría en una base del terrorismo, los gobiernos títeres puestos por occidente no tuvieron la más mínima capacidad para asegurar el control del territorio. Nada de esto habría pasado si la invasión no hubiera sucedido y la autoridad del Estado Iraquí no se hubiese desintegrado.

¡Por cierto! Las armas de destrucción masiva nunca las encontraron, pero los invasores obtuvieron lo que verdaderamente buscaban: petróleo y mucho.


“Fundación de la escritura” 

Cuando Irak aún no era Irak, nacieron allí las primeras palabras escritas.

Parecen huellas de pájaros. Manos maestras las dibujaron. Con cañitas afiladas, en la arcilla.
El fuego, que había cocido la arcilla, las guardó. El fuego, quedó que aniquila y salva, mata y da vida: como los dioses, como nosotros, gracias al fuego, las tablillas de barro no siguen contando, ahora, lo que había sido contado hace miles de años en esa tierra entre dos ríos.
En nuestro tiempo, George W. Bush, quizá convencido de que la escritura había sido inventada en Texas, lanzó con alegre impunidad una guerra de exterminio contra Irak. Hubo miles y miles de víctimas y no sólo gente de carne y hueso. También mucha memoria fue asesinada.

Numerosas tablillas de barro, historia viva fueron robadas o destrozadas por los bombardeos. Una de las tablillas decía:

Somos polvo y nada.
Todo cuanto hacemos no es más que viento.

Eduardo Galeano
Espejos. Una historia casi Universal (2008)