Deportes

Operativo anti ‘7’

Operativo anti ‘7’

A pesar de la victoria en el clásico platense, muchos hinchas de Estudiantes quedaron indignados con la pésima organización de seguridad, que por encargarse de que la única parcialidad no genere disturbios, se olvidaron de protegerlos.

Por Francisco Gil

Mientras el secretario ejecutivo de la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (APreViDe) Juan Manuel Lugones miraba desde un sector preferencial el partido de Independiente ante Aldosivi en el estadio Libertadores de América, su operativo de “seguridad” en La Plata se estaba llevando a cabo sin inconvenientes. Para la policía, claro. La gente, mientras, vivía un calvario.

Aunque el público visitante se haya prohibido en la Primera División argentina hace cinco años, el clásico platense mantiene ésta condición desde el Apertura 2009, cuando se acordó que, para que Estudiantes dé la vuelta con su flamante cuarta Copa Libertadores, sólo haya público pincha, así evitar inconvenientes.

Al igual que con la prohibición de visitantes general, la del clásico se mantuvo así como un parche para evitar tocar el tema de fondo, que es el problema, principalmente, con las barras bravas. Con una sola hinchada en la tribuna, no va a hacer falta, parece, tratar de solucionar el tema de la violencia en los partidos.

Y aunque Lugones pretende mostrarse como un secretario más presente y empapado en el tema, resulta ser que parece equivocarse de foco a la hora de procurar la paz en los partidos, amén de cierta animosidad para con algunos equipos, pero eso queda a criterio de cada hincha.

En el clásico platense de éste domingo, como es habitual hace ya casi 10 años, sólo había parcialidad local, es decir, de Estudiantes. Pero a pesar de la sola presencia de pincharratas en el estadio Ciudad de La Plata, el secretario ejecutivo de APreViDe puso toda su voluntad en que éstos no hagan alusión con banderas o remeras, al 7 a 0, resultado a favor de Estudiantes sobre Gimnasia en el Apertura 2006.

Es decir, Lugones se preocupó más por que los hinchas albirrojos no provoquen violencia (con un resultado deportivo) hacia un público inexistente en el estadio, que de la propia seguridad y organización para estos.

Como se sabe (o debería saberse) a los clásicos, del equipo que sea, concurre más gente de lo habitual, ya que es el partido más importante para una ciudad o una región. Por lo tanto, una gran cantidad de pinchas empezó la fila desde temprano a lo largo de toda la avenida 32. Es que, aunque a sabiendas de esto, se habían habilitado las cuatro tribunas del Ciudad de La Plata, la gente ingresaría toda por el mismo acceso, es decir, todos por los mismos controles.

Esto demoró mucho más de lo esperado el ingreso al predio, que posee ingresos por las cuatro manzanas que ocupa, por lo que muchos hinchas tuvieron que cambiar la ubicación que habían elegido previamente ya que, cuando llegaron, ya estaban colapsadas.

Esta tediosa situación de espera, de familias, niños y gente mayor de pie durante cuadras, sabiendo que el partido ya había empezado y ellos estaban ahí hacía horas y que, aparte, pintaba para rato, genera mucha más violencia de la que puede generar una bandera.

Parece que este detalle que se le escapó a Lugones era opacado por el qué dirán de la televisión. Como es sabido, al fútbol argentino hoy en día lo manejan empresas: desde Superliga a Fox y Turner, que son los encargados de la organización y televisación respectivamente, por lo que al secretario de APreViDe, no iba a gustarle que la gente en el estadio festeje un resultado que pueda llegar a herir la susceptibilidad de sus televidentes.

Aunque muchos hinchas de Gimnasia han manifestado también su disconformidad con éste disparate, entendiendo que es parte del folclore mismo del fútbol, que al revés sería igual, y que eso no es lo que genera violencia para el que entiende y tiene años de cancha.

Los hinchas de Estudiantes fueron tratados como los invasores del estadio. La policía no estaba ahí para cuidar a la gente que acudía, sino para cuidar a los televidentes que puedan llegar a sentir disgusto por una bandera, por lo que los hinchas del pincha quedaron a la “buena de Dios”, aguardando que no se genere ningún tipo de inconveniente en las tribunas, ya que entendieron que, en ese caso, las fuerzas de seguridad no iban a velar, justamente, por la seguridad de estos.

De hecho, muchos hinchas denunciaron la actitud provocativa de algunos policías, buscando la bronca de la gente para así desatar una represión y que todo sirva como escusa y justificación. Pero la parcialidad pincha entendió que “el horno no estaba para bollos” por lo que apeló a la tolerancia por el bien de su integridad física.

Tras que la cola de gente con entrada (que no bajaba de, la más barata, los $250) y carnet llegaba hasta casi la altura de avenida 19 sobre 32, estando el único acceso en 25, en los controles la policía se encargaba de abrir, uno por uno, los bolsos, mochilas y banderas que ingresaban los hinchas, tratando de encontrar algo alusivo al 7 a 0.

No obstante, APreViDe había permitido el ingreso de bolsas con papelitos, una vieja costumbre que se está perdiendo en fútbol argentino para recibir al equipo y, aunque en su totalidad la medida fue bien recibida, se sabe que, dentro de las bolsas, se puede ingresar todo tipo de objetos.

Pero lo que podrían haber ingresado en las bolsas o no los inadaptados de siempre (que, por suerte, no generaron mayores inconvenientes), que podría haber sido un peligro para las familias en las tribunas, no importaba tanto a Lugones como lo era el hecho de que los televidentes se enfurezcan por un número en una bandera.

Hasta los 10’ minutos del primer tiempo se veía gente ingresando a la popular norte, y luego, cuando ésta colapsó, se alcanzó a ver desde las tribunas cómo éstos eran mandados como ganado a las plateas lindantes, a las corridas, tratando la gente de que en la misma vorágine no se genere ningún tropiezo que la policía interprete como violento.

Con poca voluntad de que los visitantes vuelvan a las canchas, tanto de APreViDe, como de AFA, el gobierno y los clubes, parece ser que, a pesar de la consigna de “que la familia vuelva a la cancha”, repetida constantemente por el organismo de seguridad, el peligro ahora ya no se encuentra en los cruces de hinchadas (que siguen existiendo), sino en los propios integrantes de los operativos que se encargan, justamente, de la seguridad de la familia.