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Nacimiento del gran prócer y Día del inmigrante Italiano

Nacimiento del gran prócer y Día del inmigrante Italiano

Un día como hoy pero de  1770 nace en Buenos Aires Manuel Belgrano. Abogado, periodista, político y militar, fue uno de los promotores de la Revolución de Mayo y comandó el Ejército del Norte que triunfó en Salta y Tucumán, batallas decisivas para la prosecución del movimiento revolucionario. Creador de la bandera argentina, tuvo gran influencia en el Congreso de Tucumán, inclinándose por la instauración de una monarquía constitucional que no entronizara un príncipe europeo sino a un miembro de la nobleza incaica. En 1995 en homenaje al día de nacimiento del General Manuel Belgrano, hijo de genoveses, se sancionó la Ley 24.561 (ver) que declara al 3 de Junio como “Día del Inmigrante Italiano”.

Sus comienzos

Belgrano cursó las primeras letras en Buenos Aires. En el Colegio San Carlos, bajo la dirección del Dr. Luís Chorroarín, estudió latín y filosofía, acordándosele el diploma de licenciado en esta última disciplina el 8 de junio de 1787, cuando ya se encontraba en España adonde lo había enviado su padre para instruirse en el comercio.

Sin embargo, fue en la Universidad de Salamanca, donde se matriculó, graduándose de abogado en Valladolid en 1793. Poco ha contado Belgrano de su paso por las aulas peninsulares. Más le interesaron las nuevas ideas económicas, las noticias de Francia y su revolución – filtradas a pesar de la rigurosa censura -, las discusiones de los cenáculos madrileños donde se hablaba de los fisiócratas – mágica palabra – y hacían adeptos Campomanes, Jovellanos, Alcalá GaIiano.

Conoció la vida de la Corte, viajó por la Península, leyó a sus autores predilectos en francés, italiano e inglés; cultivó, en fin, su espíritu.

Cercana la hora del regreso recibió a fines de 1793 una comunicación oficial en la que se le anunciaba haber sido nombrado Secretario perpetuo del Consulado que se iba a crear en Buenos Aires. En febrero de 1794 se embarcó para el Plata. Iniciaba, así, a los veinticuatro años de edad, su actuación pública. Hasta su hora postrera, estaría consagrado a servir a sus compatriotas.

Apoyó la creación de establecimientos de enseñanza, como las Escuelas de Dibujo y de Náutica. Redactó sus reglamentos, pronunció discursos, alentó las vocaciones nacientes y trató de dar solidez a estas escuelas, prontamente anuladas por la incomprensión peninsular.

Belgrano militar

Al organizarse las tropas para una nueva contingencia, Belgrano fue elegido sargento mayor del Regimiento de Patricios. Celoso del cargo, estudió rudimentos de milicia y manejo de armas, y asiduamente cu mplió con sus deberes de instructor. Cuando quedó relevado de estas funciones fue adscrito a la plana mayor del coronel César Balbiani, cuartel maestre general y segundo jefe de Buenos Aires. Como ayudante de éste, actuó Belgrano en la defensa de Buenos .Aires.

A comienzos de 1815, Manuel Belgrano abandona completamente sus funciones militares y es enviado a Europa, junto a Rivadavia y Sarratea, en funciones diplomáticas. Conoce allí al célebre naturalista Amado Bonpland, y lo convence de venir a América, a estudiar la naturaleza y el paisaje de estas regiones.

También se destacará como diplomático, desarrollando una importante labor propagandística, cuya finalidad es que la revolución sea reconocida en el Viejo Continente.

Propuesta monárquica

Regresa al país en julio de 1816 y viaja a Tucumán para participar de los sucesos independentistas, donde tiene un alto protagonismo. Tres días antes de la declaración de la Independencia (9 de julio de 1816), declama ante los congresistas e insta a declarar cuanto antes la independencia. Propone una idea que contaba con el apoyo de San Martín: la consagración de una monarquía: “Ya nuestros padres del congreso han resuelto revivir y reivindicar la sangre de nuestros Incas para que nos gobierne. Yo, yo mismo he oído a los padres de nuestra patria reunidos, hablar y resolver rebosando de alegría, que pondrían de nuestro rey a los hijos de nuestros Incas.” No obstante, la propuesta monárquica de Belgrano no prospera, dado que habían corrido rumores de que incluía la cesión de la corona a la casa de Portugal.

Más tarde, Belgrano seguirá desarrollando una ardua actividad político-diplomática: por ejemplo, será el encargado de firmar el Pacto de San Lorenzo con Estanislao López que, en 1919, pondrá fin a las disputas entre Buenos Aires y el litoral. Además, volverá a encabezar el Ejército del Norte, en el cual, gracias a la fama que gozaba entonces como jefe y patriota, será vivamente admirado por la tropa.

Sus últimos días

Aquejado por una grave enfermedad que lo minó durante más de cuatro años, y todavía en su plenitud, el prócer murió en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia. Si bien no se casó, de sus amores con una joven tucumana nació su hija, Manuela Mónica, que fuera enviada por su pedido a Buenos Aires, para instruirse y establecerse. También tuvo un hijo con María Josefa Ezcurra. Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra, hermana de María Josefa, adoptan al pequeño, que pasa a llamarse Pedro Rosas y Belgrano.

El aporte de los italianos en Argentina

La República Argentina es uno de los países donde reside una de las comunidades de italianos más grandes del mundo. Sin duda, estos inmigrantes italianos que llegaron al puerto de Buenos Aires –y que, en la mayoría de los casos, no conocían ni siquiera el idioma español– no solo trajeron sus sueños en sus valijas. Sin darse cuenta, trajeron, además, un enorme legado vinculado a la cultura, la gastronomía, la arquitectura, el arte y la música, que se puede ver a diario plasmado en las calles de nuestro extenso país.

La Argentina a finales del siglo  XIX y principios del XX era un país que prometía cumplir los sueños de un futuro mejor. Una nación  abierta  a la inmigración, que recibió con brazos abiertos a los miles de italianos que tomaron la difícil decisión de viajar a tierras lejanas en búsqueda del trabajo.
La mayoría de los migrantes portaban muy pocas pertenencias, además de la documentación requerida para poder viajar: pasaporte, certificado de buena conducta, apto médico, y carta de invitación de algún familiar o del futuro empleador que se encontraba en Buenos Aires  No hacía falta más: en sus pequeñas valijas (muchas veces, de cartón), habían empacado sus sueños junto a la esperanza de que ese barco en el que viajaban los llevara a buen puerto.

Un gran número de los habitantes de la República Argentina son  ítalo-argentinos: italianos nacidos en tierra argentina. En nuestra esencia, llevamos los valores del trabajo y la familia, heredados por los miles y miles de inmigrantes, ellos nos enseñaron el valor del esfuerzo y la perseverancia, valores que supieron transmitirnos con su ejemplo.