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MUNDIAL: REFLEXIÓN, LO QUE FUE Y LO QUE VIENE

MUNDIAL: REFLEXIÓN, LO QUE FUE Y LO QUE VIENE

 Finalizado el torneo más lindo del mundo, una breve introducción a lo que se viene y una reflexión acerca de lo que fue. ¿Por qué es el último mundial tal como los conocimos? ¿Qué relación se puede encontrar entre este mundial, la revolución rusa y el mayo francés?

Por Francisco Gil.

El mundial terminó. Duele, cuesta asimilarlo. Pero no existe forma de sacarnos las ganas de saber quién será el campeón sin que esto signifique el final de la competencia. Casi una década se prepara un país para albergar un mes de fútbol.

Éste fue quizá, el último mundial realizado tal cual lo conocemos. En cuatro años y algo más se disputará en Qatar. Y digo algo más ya que, debido a las altas temperaturas que afronta la península arábiga de junio a julio, por primera vez el torneo cambia su fecha a fin de año.

Y ese es sólo el primer cambio. Además de que Qatar, llegado a 2022 cumplirá doce años desde su designación como sede, por lo tanto, doce años de trabajo, obras e inversión ininterrumpida, el mundial durará menos. Veintiocho días serán la extensión este mundial, del 21 de noviembre al 18 de diciembre. Doce años de trabajo esclavo para veintiocho días de fútbol.

Y lo de trabajo esclavo no es tendencioso. Prácticamente no existen derechos para los trabajadores en Qatar. Se registran casi 200 muertes (oficializadas) de trabajadores, en su mayoría extranjeros, en las obras de los estadios. Es que este país árabe construyó de cero casi todos los estadios donde se jugarán los partidos. Lusail, la ciudad de final, aún no existe ¡también la están construyendo!

Los trabajadores no son los únicos que carecen de derechos. Las mujeres no pueden ir solas al estadio ni mucho menos pueden elegir qué ponerse. Durante este último mundial la FIFA había ordenado que no se enfoquen más a mujeres en las pantallas, pero parece que la opresión que sufren estas en Qatar no les importó a la hora de elegir.

Tampoco les importó que con las necesidades, el hambre y la pobreza que pasan los habitantes de la península (que será el país más chico en organizar un mundial) estén lejos de estar en condiciones para invertir en una competencia de este tipo.

Eso sumado a que la selección Qatarí jamás disputó un solo mundial y será debutante en el suyo, que la bebida alcohólica está prohibida en el país y que será el mundial más corto de la historia, hacen de Qatar, aunque sea el último que se juegue con 32 equipos, el inicio de una era totalmente distinta. Los mundiales como los conocemos, dejaron de existir el 15 de julio de 2018 cuando Francia levantó la copa.

Luego vendrá otro que continuará con las innovaciones. Por primera vez un trinomio será la sede. México, a esta altura ya un experto organizador de mundiales hará lo mismo por tercera vez (algo inédito hasta ahora). Lo hará junto con su vecino Estados Unidos, quien también ya fue sede una vez y a estos se les suma Canadá, que tan solo clasificó a un mundial (justamente en México 1986)

La novedad aquí será que la plaza de participantes se amplía una vez más. Podrán participar 48 equipos, por lo que es probable que de ahí en más, jamás veamos un mundial con una sola sede, ya que a un solo país le costaría mucho hospedar no sólo a los planteles de las casi cincuenta selecciones sino que también a los fanáticos que viajan, así como también no le alcanzaría la cantidad de estadios ni el dinero para construir los que faltan.

Es por eso que el mundial de Rusia dio como cerrado un ciclo. Los mundiales humanamente posibles. Donde no tuvieron que construir ciudades y la tecnología se asomó tímida y hasta incomprendidamente hacia nosotros. Nos esperan mundiales ostentosos, con la tecnología intercediendo en casi todo, construcciones faraónicas con gastos obscenos en países donde ni el fútbol ni los derechos de sus habitantes están desarrollados.

LA REVOLUCIÓN RUSA

El 17 de octubre del año pasado se cumplieron cien años de la revolución bolchevique de 1917 que dio con la creación de la Unión de las Repúblicas Socialistas Sovieticas (URSS).

Por cuestiones de calendario, el mundial no se podría haber hecho en 2017 para celebrar el siglo de la histórica gesta marxista, pero no me parece casualidad que se haya elegido como sede de 2018 a Rusia, como se habría elegido en la primera edición a Uruguay por el centenario de su independencia.

El operativo homenaje a la revolución rusa se puso en marcha el 13 de junio, y como toda revolución, tuvo que ir en contra de lo establecido, tuvo que pasar de sorpresa y sin aviso. Y así fue.

Si bien Arabia Saudita no significaba un duro rival y de hecho, un viejo aliado de la URSS en tiempos de guerra fría, nadie apostaba un rublo por la selección local y hasta decían que sería un fracaso histórico para el anfitrión de un mundial.

Pero nada de eso ocurrió. La selección de Cherchesov, el DT que pareció rendirle un homenaje al último presidente soviético Gorvachov pero con bigote, goleó en sus primeros dos partidos, y aunque cayó con un contundente 3-0 ante Uruguay, logró clasificarse segundo en su grupo a octavos de final.

Pero la revolución no sería solo rusa: Partido a partido nos fuimos dando cuenta de que los pequeños y débiles seleccionados se venían preparando de hace años para hacerle frente a los poderosos de siempre. Ya no querían ir al mundial de paseo. No querían ser más los pequeños simpáticos.

¿No es eso acaso, lo que pretendió la revolución soviética. Que el proletariado, el socialmente inferior se organice y enfrente al burgués, al poder establecido?

Las selecciones rebeldes utilizaron la táctica revolucionaria por excelencia, cuál sino. La que a lo largo de la historia le dio resultado a tantos equipos chicos que no contaban quizá con grandes virtudes y que los poderosos y el periodismo tanto odian.

Porque para ser revolucionario hay que tener al poder  y a los medios en contra. Es como una ley infalible. A éstos nunca les gustó que los de abajo le muevan los cimientos, y utilizan su poder para difamarlos.

Los esquemas defensivos, el contragolpe y por sobre todo el trabajo con pelota parada fueron los secretos de las pequeñas selecciones para disputarse ante los pesados y campeones.

Por primera vez se acabó el tiki-tiki y el minimalismo invadió la cancha. Y es que se acabó el lirismo porque los grandes advirtieron estas tácticas populares y las adaptaron a su propio juego también.

Sin duda, el grupo B fue el que más cuestiones políticas abarcó. Marruecos volvía después de casi dos décadas a un mundial y se enfrentó a su correligionario musulmán Irán. Pero los persas son los embajadores de ésta táctica rebelde y en el último minuto se quedaron con un partido decisivo.

Pero los moros tenían dos clásicos por delante y por más duros que estos sean no se iban a achicar. Contra su vecino Portugal perderían por la mínima, pero ante España, su otro vecino, no iban a regalar nada.

Tantos años de racismo y persecución española para con el pueblo marroquí encendieron la llama para que los marroquíes, ya eliminados, le jueguen un partido de igual a igual al mayor candidato. Este se los empató 2-2 en último minuto, peligrando su clasificación.

España, como siempre, fue el que más sufrió la revolución, no solo con Marruecos. Irán le jugó un partidazo al igual que a Portugal e hizo dudar a  ambos de su clasificación. Los persas fueron una muralla en defensa.

Luego los españoles y su poder serían vencidos por los locales revolucionarios por penales en octavos de final. Un verdadero homenaje a 1917.

Islandia, una isla de 300 mil personas (un tercio de la ciudad La Plata) hizo lo mismo ante el último subcampeón, la Argentina de Messi y compañía. Lograron empatar en uno y desatar la incertidumbre que terminaría en desastre en los de Sampaoli.

Costa Rica lo intentó ante Brasil, pero, al igual que Alemania ante Suecia o España ante Marruecos, los grandes siguen teniendo esa plusvalía que a los chicos les falta, y en el tiempo de descuento, los ticos cayeron.

Alemania, como en la segunda guerra mundial, volvió a caer en tierras rusas. Sin dudas la sorpresa más grande de esta copa del Mundo. Los últimos y poderosos campeones cayeron en San Petersburgo ante un envalentonadísimo Mexico, que dio cátedra de cómo plantarse ante los grandes.

A pesar de que vencieron a Suecia en el descuento, los teutones cayeron sorpresivamente ante una ya eliminada pero llena de amor propio Corea del Sur, que tampoco se les achicó. Se habían contagiado de la revolución de los pobres y el miedo de los grandes se empezaba a sentir.

Casos así hubo miles en la primera ronda. Túnez hizo dudar todo el partido pero finalmente cayeron ante Inglaterra, quien finalizaría cuarto en el torneo y Japón venció por primera vez a un sudamericano (Colombia).

Para ir redondeando, pueden adivinar que la segunda ronda se rigió bajo la misma lógica. Uruguay eliminó al Portugal de Cristiano Ronaldo. Los que serían campeones, la joven selección francesa, hizo lo mismo ante el subcampeón Argentina.

Rusia dio el batacazo y aguantó el partido hasta los penales, donde eliminó a España.

Mexico, a pesar de haber vencido a Alemania y haber ilusionado a todos, no pudo con su maldición de los octavos. Clasificó segundo y cayó en dicha instancia ante Brasil y otra vez, se quedó con las ganas de conocer los cuartos de final.

Pero los candidatos cariocas caerían ante la ya no tan débil Bélgica en cuartos. Una selección que nunca logró un título pero demostró estar en la elite del fútbol actual.

Croacia tendría un juego parecido al de Rusia. Si bien poseía jugadores de primer nivel, optó por aguantar a hasta los penales hasta llegar a la final, condición que le jugó en contra a la hora de dicho encuentro, ya que sumados todos los minutos de alargue, tenía un partido más que Francia, su rival.

Inglaterra fue el abanderado de la táctica rebelde. Sin grandes figuras ni un juego vistoso, aprovechando cada pelota parada logró llegar a una semifinal luego de 28 años.

Croacia cometió el mismo error inocente en semis y en la final. Dejarle a Inglaterra y Francia, los reyes de la pelota parada, un tiro libre cerca de su área al comienzo del partido. Y en ambas ocasiones terminaron en gol.

Por último, mención aparte para el campeón. Se podría decir que en ésta revolución rusa, hubo una rebelión aparte, un mayo francés.

En mayo del 68, jóvenes estudiantes en París se rebelaron ante el gobierno francés pidiendo reformas. Los jóvenes, contagiados por los movimientos de la época, lograron imponer su voz y hacerse escuchar por primera vez ante los poderosos.

Si bien Francia siempre fue una selección respetada, lo era más por el peso de su historia como nación que por sus títulos futbolísticos. Sólo había ganado un mundial y como local. Después, siempre fue un equipo que no conocía grises: O le iba muy bien o era un fracaso.

Pero, a pesar de haber perdido en su casa la final de la última Euro, otra vez los jóvenes franceses dieron la nota ante el mundo.

Como en mayo del 68 en París, un grupo de jóvenes franceses (el equipo más joven del mundial) vencieron a cuanto rival se les cruzó y fueron los justos mejores del mundo.

Al campeón no se lo discute. En un mundial que imitó la revolución rusa, donde los pequeños resistieron ante los grandes, los campeones gestaron su propio mayo del 68, su Julio Francés.