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Joker: incómodamente agobiante, violenta y brutal

Joker: incómodamente agobiante, violenta y brutal

 Llegó el ansiado estreno de la película en solitario de uno de los villanos más famosos de la cultura pop.

Por Maxi Muñoz.

El guasón bizarro y pintoresco de Cesar Romero; el gánster bufonesco de Jack Nicholson; el nihilista y sociópata de Heath Ledger; el impulsivo de Cameron Monaghan; el exótico y caricaturesco de Jared Leto. Muchas han sido las versiones de uno de los personajes más psicópatas, misteriosos, oscuros e icónicos del universo de DC Comics. Aunque como siempre se lo ha visto con Batman dentro de sus historias, poco se sabe de la historia del Joker, su pasado o qué lo impulsa a ser lo que es. En las propias historietas el villano nunca supo responder aquellas preguntas, trayendo una confusión adrede que le da muchísimo más misticismo. Con la llegada de Joker de Todd Phillips, por primera vez la pantalla grande busca darle un origen al personaje.

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El director de la trilogía de comedia bizarra de ¿Qué pasó ayer? y de la película criminal War Dogs (2016), es el encargado de ponerse al frente de un proyecto tan ambicioso como aclamado por los críticos; frente a un filme que ganó el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia, uno de los más prestigiosos del mundo. Con un guión también bajo la mirada de Phillips esta cinta se introduce en un contexto donde el universo cinematográfico de DC busca renacer luego de un inicio poco satisfactorio con películas como Man of Steel (2013), Batman vs Superman (2016), Suicide Squad (2016) y Liga de la Justicia (2017); filmes con malas críticas y que dieron cuenta de la decisión apresurada de los ejecutivos de DC en trasladar su universo al cine de manera rápida y sin bases sólidas. Fueron las películas en solitario de Wonder Woman (2017), Aquaman (2018) y Shazam (2019) las que sí encontraron un mejor rumbo y marcaron una decisión de volver a empezar. 

Por otro lado, Joker llega además en un contexto de revuelo por la violencia que podría llegar a transmitir y donde muchos medios de comunicación —previo a su estreno— ya elaboraban teorías o hasta tildaban de polémica a una cinta que, según algunos críticos, sería peligrosa para una sociedad que no está preparada. ¿Cumple la película todas las expectativas? ¿Tiene un mensaje «peligroso» o es una simple jugada de marketing?

Una experiencia cinematográfica brutal

La historia nos presenta a Arthur Fleck, un hombre que sufre una enfermedad psiquiátrica desde que tiene memoria, donde una especie de impulso voluntario le provoca una risa histérica en momentos de incomodidad o nerviosismo. Esto le ha causado una discriminación durante toda su vida, siendo apartado, maltratado y constantemente tildado de raro. Además, él vive en una Ciudad Gótica inspirada en una Nueva York de los setenta y ochenta, totalmente consumida por la delincuencia y la violencia, y donde la mayoría de las personas —salvo por una elite en el poder— viven en una gran pobreza. En un contexto donde tiene que cuidar a una madre también enferma, donde él sufre abusos, golpizas y es cada vez más aislado por la sociedad, la película dará un viaje a una mente perturbada que encontrará su respuesta en las partes más siniestras de su psiquis, y en el origen del Joker.

Joker es lo que se dijo que iba a ser. Un estudio psicológico sobre una mente tan misteriosa como la de este villano, y una crítica a una sociedad que hace la vista gorda no sólo con los enfermos psiquiátricos, sino también con la violencia que día a día transcurre en las calles. Este filme es magnífico por donde se lo mire, y logra atrapar al espectador en una montaña rusa de emociones que aplastan, hacen catarsis y vuelven a aplastar. Se pueden establecer tres puntos que resaltan y que juntos son el combo perfecto para una experiencia cinematográfica brutal.

Por un lado está la asombrosa dirección de Todd Phillips, que logra sin dudas su mejor labor en lo que va de su carrera. Visualmente juega entre lo crudo y lo bello, entre lo oscuro y algún rayo de esperanza que alivia por sólo segundos, ya que esta película en su mayoría es emocionalmente arrasadora. A la historia y a las desgracias que vive el protagonista, se le suma un manejo de la cámara que es estilizado pero dentro de un mundo sucio como lo es el de Gotham. Phillips sabe poner en pantalla todas aquellas emociones tanto de depresión como de locura y violencia, logrando que tengan muchísimo más impacto. 

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A esto se le suma una banda sonora original de lujo, que a través de en su mayoría instrumentos de cuerda, permite una sensación de constante agobio, que acompaña a la caída psicológica del protagonista. Y es que si se ve quien es la artista detrás, nos encontramos con Hildur Guðnadóttir, quien ha sido nada más y nada menos que la compositora de la banda sonora de la miniserie de HBO, Chernobyl. Además, la cinematografía es exquisita e increíblemente lograda de la mano de su director de fotografía Lawrence Sher, quien en un mismo año ha recibido también buenas críticas por su trabajo en Godzilla: el rey de los monstruos.

En un segundo punto está claramente Joaquin Phoenix. Actor que su carrera se basa en una elección minuciosa de los papeles que encarna y  los proyectos a los que se suma. Por eso, cuando se dijo que el actor de Her (2013) y The Master (2012) se pondría bajo el maquillaje del Joker, mucho se dio que hablar. Pero en la cinta queda demostrado la magnífica elección con un Phoenix simplemente espectacular. Corporalmente —bajó alrededor de veinticinco kilos para el papel— y gestualmente atrapante. Con la risa del Guasón más que lograda. Con una interpretación donde la tristeza del personaje sumerge al público en una mente impredecible. Cada acercamiento al rostro de Arthur es un sentimiento de lástima, de una depresión penetrante, incómoda y que de un momento para el otro se torna intimidante y hasta produce miedo. Mucho se nota las palabras del propio Phoenix en dónde admitió que en el rodaje prefería estar bajo el maquillaje del Joker, más que en el cuerpo de un perturbadísimo Arthur Fleck.

Por último y no menos importante: el guión. Éste da cuenta de la gran inspiración que tuvo con películas como Taxi Driver (1976) y King of Comedy (1982), del cineasta Martin Scorsese, que también retrataban a personajes perturbados que cometían actos de violencia. Y es que Scorsese tuvo unas primeras charlas con Todd Phillips debido a que en un principio aquel iba a ser su productor, hasta que dejó el proyecto por cuestiones de tiempo. La historia choca de lleno con la pregunta y polémica que se quiso instalar sobre la presunta incitación a la violencia. Pero sucede todo lo contrario. En todo momento el guión deja en claro su mirada sobre una sociedad podrida y que no es crítica consigo misma. 

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Si bien el foco en el protagonista comienza inclinándose más hacia la lástima, a medida que la estabilidad psicológica va perdiendo su rumbo, el guión también lleva la trama hacia un barranco, donde más allá de la empatía con la que se empieza hacia Arthur, sus actos y giros son lo suficientemente violentos como para no poder justificarlo. Además de que la historia también va develando y se encarga de dejar bien en claro lo enferma que está la mente del protagonista. Quizás el único punto criticable que se le puede dar al filme es un discurso que un Arthur ya caracterizado como Joker da hacia el final, donde el guión amaga con caer en lo obvio y lo sobre explicativo. Algo que tiene más que ver por unas ansias de ser pretenciosa por demás, que de centrarse en lo que se hizo durante el resto de filme, donde lo importante es la construcción y el camino mental del protagonista.

En definitiva, Joker es sin duda alguna una de las mejores películas del año. Lejos está de ser una típica película de personajes de comics. Es de ritmo lento pero agobiante, emocionalmente aplastante y no sólo necesita de la violencia física y explícita para demostrar lo torcida que puede ser la sociedad. Con una crítica clara hacia un sistema que hace la vista gorda de cientos de cosas y donde la mea culpa es muy escasa. Tan sólo hay que ver la reacción de muchos medios en tildar al filme de polémico, respondiendo a lo que la misma cinta quiere criticar: la búsqueda de chivos expiatorios para tapar lo podrido y no tener una verdadera introspección —como históricamente se hizo con el arte y el cine, por ejemplo en otras producciones como La naranja mecánica (1971) —. 

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Esta cinta es una de las grandes candidatas a los principales premios del año y no debe dejar de ser vista. Sin dudas es uno de los mejores papeles Joaquin Phoenix, que logra una interpretación igual de buena que la que le valió el Oscar a Heath Ledger hace diez años. El Joker del fallecido Ledger redefinió al personaje, pero Phoenix lo consolida como uno de los villanos más grandes y oscuros de la historia del cine. Con un cierre espectacular que deja en claro la pregunta: ¿No es igual la violencia de un psicópata que ejerce la anarquía que la de los poderosos que sumergen al mundo en cada vez más destrucción y desigualdad?