Efemérides

Hoy es el «Día de la Industria»: una fecha para reflexionar

Hoy es el «Día de la Industria»: una fecha para reflexionar

«El libre cambio mata a la industria naciente. Los que han defendido ciegamente teorías sostenidas en otras partes no se han apercibido que apoyaban intereses contrarios a los suyos. Cuando esta cuestión se discutía en el Parlamento inglés, uno de los ilustrados defensores del libre cambio decía que él quería hacer de la Inglaterra la fábrica del mundo y de la América, la granja de la Inglaterra. Y decía una gran verdad, que en gran parte se ha realizado porque en efecto nosotros somos y seremos por mucho tiempo, si no ponemos remedio al mal, la granja de las grandes naciones manufactureras (…) Yo pregunto, ¿qué produce hoy la provincia de Buenos Aires, la primera provincia de la República? Triste es decirlo. Sólo produce pasto y toda su riqueza está pendiente de las nubes. El año que ellas nieguen riego a nuestros campos, toda nuestra riqueza habrá desaparecido. Es necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que pasto.»

Carlos Pellegrini (Presidente de la Nación Argentina, 1890-1892).

Un poco de historía 

El 2 de septiembre de 1587 partió del Puerto de Buenos Aires una embarcación llamada San Antonio, rumbo a Brasil, con el primer embarque que se exportó en la historia nacional. El mismo constaba de productos textiles regionales, como lana, frazadas, lienzos, sombreros y otras manufacturas provenientes de Tucumán, que habían sido elaborados en Santiago del Estero. Por esta razón, en esta fecha se conmemora a partir del año 1941, el Día de la Industria.

En el medio de una economía sumamente artesanal y básica, estos pioneros visionaron una producción que excedió el consumo propio e interno y así nació la primera exportación. Eran largas las distancias y las normas del comercio hispano no eran fáciles de cumplir, así y todo, la fortaleza de estos primeros pobladores pudo más y se logró ese primer paso tan complicado.

La importancia de la industria

La industria es de suma importancia para la economía de un país, ya que no solo es una fuente de empleo, sino también porque permite que los países obtengan mejores ingresos en sus transacciones comerciales.

Si los Estados Unidos son la potencia que hoy conocemos, es porque la propuesta industrializante se impuso sobre el modelo agroexportador en la feroz Guerra Civil que sacudió a dicha república entre 1861 y 1865. Algo similar ocurrió con Japón, pueblo que también atravesó un conflicto interno armado que enfrentó a nuevos líderes industrialistas contra la vieja aristocracia feudal, este episodio fue conocido cómo la Guerra Boshin y ocurrió entre 1868 y 1869.

Los dos casos mencionados podrían ampliarse si se estudia la historia de Alemania, China o Gran Bretaña. Donde puede observarse cómo cada uno de los Estados que conquistó un rol preponderante en el tablero mundial, lo hizo gracias al poder de sus fábricas. Mientras que las Naciones que se resignaron a proveer materias primas a otras, fueron condenadas a la dependencia y el subdesarrollo.

El panorama argentino

A lo largo de las décadas, Argentina se ha debatido entre un modelo de desarrollo industrial y otro orientado a la explotación de materias primas. Dicho péndulo cíclico llevó a que, durante diferentes etapas, la economía nacional tenga niveles importantes de acumulación de capital y protagonismo internacional o, por el contrario, esté atada a intereses extranjeros que establecieron en la Pampa Húmeda un enorme terreno fértil para nutrir sus fábricas de materia prima en abundancia.

Si bien la política y la economía son prácticas subjetivas por naturaleza propia, existen márgenes de objetividad que suelen ser evidentes. Al analizar la «fórmula del éxito» implementada en el denominado «Primer Mundo» para generar el elevado estándar de vida y el poder internacional que estos pueblos conquistaron, aparecen medidas calcadas: barreras arancelarias a productos extranjeros para apuntalar la producción local, la edificación de un sistema financiero volcado al desarrollo del sector productivo y no a la especulación, alianzas entre el Estado y el capital privado para sentar las bases que permitan el surgimiento de grupos empresariales comprometidos con la soberanía nacional, inversión pública en ciencia y tecnología. Es decir que más allá de los dogmas y los debates ideológicos, la historia sirve cómo vidriera para analizar en concreto que hicieron las sociedades que hoy son prósperas y que aquellas que están sumergidas en la pobreza.

No existe en el mundo moderno progreso sin industria. Es válido y necesario dar el debate sobre los términos en los que puede encararse un modelo de desarrollo industrial y sus características, pero sólo se podrá salir adelante si el compromiso con la industria se adopta cómo una política de Estado, y así la Argentina logra dejar atrás un debate que los países centrales saldaron hace doscientos años.