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Hacer del Ridiculum un arte

Hacer del Ridiculum un arte

Humor, Teatro y Música en La Plata

Por Manuel Hutchins. 

Crónica narrativa del grupo que siempre se reinventa a sí mismo en pos de un objetivo común: hacer reír de un modo inteligente.

El encuentro con el cuarteto se da en el bar que forma parte del Pasaje Dardo Rocha, en la esquina de las calles 6 y 49. Allí se encuentran ya en una mesa, Diego Larraggione, Pablo de la Fuente, Nicolás Ciochini y Juan Pablo Piscitelli, los integrantes del grupo Ridiculum Vitae – Humorismo Musicado. Alguien hará luego un comentario sobre la diferencia entre la pobreza de su tostado y el mío, y  será la referencia que comenzará una catarata de chistes, juegos de palabras, absurdos y doble sentido, que demuestra la química y la dinámica con la que hace años vienen trabajando por y para el humor.

A esos factores hay que sumarle otro fundamental, que es la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Leyendo un poco de historia, uno sabe que la misma funciona como eje de creación de no sólo Ridiculum Vitae, sino también de otros grupos musicales reconocidos a nivel nacional e internacional. Incluso, hace más de cincuenta años, los encuentros corales universitarios fueron el germen del conjunto I Musicisti, del cual se desprendería Les Luthiers.  En el caso de Ridiculum Vitae, con excepción de un sólo integrante, el resto se conoció en la facultad.

El año 1999 trajo, además de la Alianza De la Rúa-Álvarez y miles de profecías fatalistas,  las primeras ideas de un grupo de amigos de esa facultad para comenzar un proyecto de humor, teatro y música, libre del lenguaje soez que imperaba junto con los prejuicios, el humor de los años 90. “Ya en los asados que hacíamos, jugábamos un poco con eso de hacer chistes con las canciones”, confiesa Larraggione, de Tres Arroyos, Director de Coros y docente. Junto con Guido Ronconi y Nicolás Allegro decidieron probar y cuando lo comentaron al grupo de amigos, la respuesta de todos fue la misma: “Tienen que decirle a Pablo que se sume”. Pablo de la Fuente, dice con lo poco que le queda de tonada cordobesa “Yo vengo del lado de la actuación. Mi formación teórica viene por ahí, pero en la praxis la música siempre estuvo presente”. Con su ingreso, el grupo quedaría como cuarteto en la que fue su primera formación.

Pablo nació en La Plata pero se crió en Córdoba donde inició su carrera como actor en el Seminario Teatral Jolie Libois, en la capital de la provincia. A mitad de los años noventa se fue a vivir a Capital Federal para estudiar bajo la tutela de Cristina Banegas durante dos años. “Cuando me propusieron formar parte de Ridiculum dije que sí enseguida. Yo tenía experiencia haciendo música y actuación con algunas compañías de teatro independiente” dice el actor que también se perfeccionó en clown, mímica y acrobacia.

Con el comienzo del nuevo milenio llegaron las reuniones donde se empezaron a trabajar los textos humorísticos y las canciones. Recién en Septiembre de 2001, y bajo la dirección de Marcelo Allegro,  presentan Buenas gracias, muchas noches en el Centro Cultural Daniel Omar Favero, que por ese entonces también se inauguraba como espacio artístico platense. La partida de Ronconi luego del primer espectáculo, dejo al grupo en formato trío pero con ganas de seguir trabajando. “Nos dimos cuenta que necesitábamos reforzar la parte de la actuación. No porque fuera mala, sino porque no estaba a la misma altura que las otras dos que son la música y los textos”, dice Diego, quien además confiesa ser el que menor experiencia en actuación tenía en su momento “en el escenario siempre estuve de espaldas al público, dirigiendo coros”.

Fue entonces que llamaron a Gustavo “Tati” Vallejos, para que coordinara la dirección y la puesta en escena del trío de cara a futuros estrenos. Música compuesta en escena (2004), Autotributo (2005) y Sinfoniatra (2008) estuvieron bajo la preparación del nuevo director, y fue a partir de allí que notaron la evolución que buscaban. “Con el primer espectáculo estábamos muy estructurados en la fórmula monólogo-canción, en parte creo que porque eran las únicas referencias que teníamos de ese tipo de humor”, dice Pablo y reconoce que luego fueron fusionando eso de una manera diferente: “Desde esa búsqueda y con la incorporación de nuevas ideas teatrales pudimos elaborar otros lenguajes y aparecieron personajes mucho más ricos para representar”.

Los premios a la cabeza

-¿Pudieron hablar con alguno de los integrantes de Les Luthiers?

-Muy poco, estaban todo el tiempo de acá para allá. Lógico, eran las estrellas.

-Como los Rolling Stones…

-¡Claro! Hablamos antes de salir a actuar al escenario con Mundstock y López Puccio.

La escena de la que hablan sucedió en el año 2007, en la Expo Les Luthiers por los 40 años del grupo en el Centro Cultural Recoleta. Se habían organizado varias actividades a lo largo del mes y medio que duraba la exposición, y también había un certamen para presentar obras que, de ser ganadoras, podían llegar a ser interpretadas en un futuro por los mismísimos Les Luthiers. “Era una obra que debía tener cinco personajes. Nosotros presentamos dos textos, y uno de ellos ganó el primer premio” cuenta Diego con una sonrisa orgullosa, y confiesa también que a pesar de que se habían anotado para realizar un sketch de su autoría en la Expo, no habían sido seleccionados.

“Fue cuando ganamos el premio Autores que nos dijeron de actuar. Y ahí fue que subimos y nos vieron Marcos y Carlos López Puccio. Unos tipos geniales porque sabiendo que si salían ellos antes de nuestro sketch, naturalmente se iban a robar los aplausos y nadie nos iba a prestar atención. Esperaron que apagaran las luces y recién ahí se sentaron medio a escondidas en primera fila” dice Pablo, aunque cuenta que no fue esa la única vez que tuvieron un Luthier entre su público.

Carlos López Puccio, miembro del jurado que seleccionó su obra como ganadora, fue a ver la presentación de Sinfoniatra en el Centro Cultural Jorge Luis Borges, en Capital Federal. La condición del premio, decía que en determinado tiempo, Les Luthiers comunicaría si la utilizaba para uno de sus espectáculos. De no ser así, los autores podían hacer uso de la misma. Finalmente, Ridiculum hizo uso de ella en ese espectáculo y recibió las felicitaciones del canoso Luthier. “Nos vino a ver después de la función y nos felicitó por cómo adaptamos la obra para tres personajes solamente, siendo que la original era para ellos cinco. Se acordaba del texto inclusive, y nos dijo que a medida que la fuimos haciendo le iban surgiendo dudas sobre cómo resolveríamos ciertas cuestiones de interpretación y demás. Al final nos dijo que le encantó y la aprobó así también”, dice Pablo.

No fue el único premio que recibieron. Por Sinfoniatra recibieron el Premio Estrella de Mar al Mejor Espectáculo de Humor Grupal, Mar del Plata 2010, así como otros numerosos reconocimientos.

Ritmo le gana a chiste

“Nosotros vamos tirando ideas sueltas que son como semillas: quizás germinan o no”, dice Nicolás Ciochini hablando de la etapa de creación mientras toma el café que trajo el mozo, y agrega que “muchas veces el disparador de una obra es un hecho cotidiano, y el sketch termina siendo una especie de catarsis por lo absurdo de esas situaciones”. De una situación así nació Telemónica de Argentina, el número que parodia a los call center de las empresas privadas de telefonía celular. “Alguien del grupo llegó quejándose por el precio del abono, y lo cierto es que a todo el mundo alguna vez le pasó”, dice Pablo. La realidad puede superar a la ficción, o bien alimentarla con temas para explotar humorísticamente. “Más allá de eso, está en nosotros el hecho de ver desde qué lugar reconstruimos esas situaciones y cómo las recreamos”. El sketch del grupo Todo voluntad, nació viendo a un percusionista de folclore que no pegaba una.  “Lo veíamos y nos dábamos cuenta que no era muy bueno, pero el tipo era eso: todo voluntad”, dice Diego. Pero… ¿Cómo se gesta la creación de un espectáculo de Ridiculum Vitae?

“La elaboración comienza plasmando todas las ideas en papel. Escribimos muchísimo” confiesa Juan Pablo, aunque aclara que luego de esa etapa, llega la poda de chistes, líneas y demás. Así comienzan a consensuar los espacios del show: dónde poner una canción, de qué genero, definición de roles. Todo eso, cuando la idea tiene un progreso y llega a estrenarse. Cuando por el contrario, la idea no prospera “no nos enroscamos en lo que no podemos resolver en un tiempo prudencial. Ese texto va a parar al archivo donde tenemos todo lo que no mostramos” dice ahora Diego, quien también explica que a la hora del estreno, el grupo evalúa cómo funcionan los chistes según la respuesta del público. “Ese es el termómetro definitivo, porque con el ritmo del show, los diálogos y el hecho de poner el cuerpo, se adquiere otra perspectiva”.

Aunque no es el único filtro por el que pasan los textos, las canciones y la actuación: el del director también es importante. “Nosotros llegamos con un poco de ensayo y por lo general él desarma todo y propone otro esquema de puesta en escena, o sugiere eliminar chistes o gags si siente que no funcionan” cuenta Juan Pablo, y Nicolás suma la aclaración: “Ojo, nosotros como autores y actores nos plantamos para defender lo que nos parece que sí anda bien, pero desde la argumentación, no desde el capricho de querer que un chiste permanezca porque se nos ocurrió y esta buenísimo”. La necesidad de una mirada externa que vea cuestiones de estructura y dinámica del show que quizás a los protagonistas se les escapan. “Incluso a la hora de que el director saque un chiste, sabemos que es por una cuestión de ritmo del espectáculo. Ritmo le gana a chiste”, afirma Pablo de la Fuente.

La apuesta a levantar el nivel de interpretación contando con un director, los dotó de mucho criterio teatral a la hora de actuar: estar atentos a la respuesta de la risa del público, saber esperar sus tiempos. “Aprendimos a hacer una lectura en directo de lo que les pasa. Por más que vos hagas exactamente lo mismo, no sucede así con el espectador” dice Pablo, quien además asegura que así como él adquirió más conocimientos sobre géneros musicales, sus compañeros también en cuanto al desempeño y la interpretación en el escenario.

Desde el trabajo colectivo se forjó la identidad del grupo. Nada escrito individualmente puede ser identitario de un grupo como lo que surge de la creación colectiva. “Así fuimos encontrando el ADN del grupo”, coinciden todos.

En el año 2010, con la partida de Allegro del grupo, apareció el momento crítico “porque sabíamos que queríamos seguir haciendo esto, pero no en formato dúo. Entonces armamos una lista de personas con las que nos interesaría trabajar, y las dos primeras opciones de la lista nos dijeron que sí, así que tuvimos mucha suerte”, dice Diego, cuando habla de las incorporaciones de Nicolás Ciochini y Juan Pablo Piscitelli.

Los dos nuevos integrantes tienen sus historias previas en relación al grupo. “Yo fui el que recomendó a Pablo de la Fuente para que lo incorporaran”, dice Nicolás, platense Profesorado en Composición Musical y docente de la UNLP, UBA y el Conservatorio Gilardo Gilardi. Juan Pablo en cambio, ya había tocado como músico invitado de Ridiculum en su segundo espectáculo “En Música compuesta en escena había un sketch que era una especie de opereta, donde tocábamos de invitados con un cuarteto de cámara. Ahí tocaba yo la viola”. Piscitelli es oriundo de Tucumán, Licenciado en Dirección Orquestal y docente en la UNLP y el Conservatorio de Música de Chascomús.

Ridiculum volvía a ser un cuarteto, y el siguiente espectáculo iba a ser un grandes éxitos, con los mejores sketch de espectáculos anteriores. Recalculando se estrenó en octubre de 2011, y estuvo en cartel durante muchos meses en el Auditorio de la Sociedad Odontológica de La Plata. “Nosotros nos acoplamos al grupo y al ritmo de trabajo que ya traían, aportando desde las tres aristas: la interpretación, los textos y la música. Eso es muy bueno porque sigue prevaleciendo la idea de la creación colectiva”, dice Nicolás, y recuerda que para la reposición de las obras que formaron parte del primer espectáculo con la nueva formación, fue un muy buen trabajo en cuanto a dinámica. “No tuvimos ningún problema en trabajar, adaptar y poner de nuevo en ritmo los sketch”, dice Piscitelli.

Actualmente el grupo se encuentra presentando Ridículas Equivocanciones. Bajo la dirección de Martín Joab, el cuarteto se presenta desde junio en el Teatro Estudio. “En realidad, íbamos a hacer un ciclo por el mes de junio solamente y como la gente respondió bien, lo extendimos dos meses más” cuenta Nicolás, a la vez que Juan Pablo aclara que ellos prefieren hacer ciclos de presentaciones “Siempre nos manejamos de esa manera. Quizás tenemos en cartel el último espectáculo, y cuando termina el ciclo, pasados unos meses volvemos a armar el espectáculo anterior con algunas modificaciones, mientras a la par vamos armando lo que son las nuevas obras que van a formar parte del próximo show “.

Una de las características más importantes de Ridiculum, es el saber capitalizar la risa a través de un humor inteligente. Viéndolos en vivo, uno además de reír, entiende también qué están diciendo con esos chistes o gags. Muchos otros grupos sin ningún tipo de filtro, trabajan sobre chistes que están construidos sobre prejuicios y que no es bueno multiplicar. Este conjunto tiene no solo el talento, sino la agudeza de saber dejar fuera este tipo de chistes, sabiendo que por más bueno que sea y pueda llegar a hacer reír al público, si eso reproduce algo que el grupo no piensa, no vale la pena dignificarlo en un escenario a cambio de una risa o un aplauso.

Cierta vez alguien dijo que, podría ir a ver un espectáculo de un humorista soez, y que seguramente se reiría en el momento de esos chistes, pero que al llegar a su casa, sentiría vergüenza de haberlo hecho. Y que en cambio, no le sucedería lo mismo con una película de Woody Allen: por el contrario, se sentiría muy bien por haber sido tratado con un humor de esa altura intelectual. Allí radica, creo, toda la diferencia: Oscar Wilde, dijo que lo único que hay que tomar en serio en la vida es el humor. Ridiculum Vitae, tomó nota de esta frase, y siendo conscientes del poder de comunicación que un chiste tiene, nunca lo subestimaron. Por ende, tampoco subestiman a su público.