Política

El fracaso de Malcorra

El fracaso de Malcorra

Por Leonel Sánchez Alpino.

El 10 de diciembre de 2015 Susana Malcorra asumía la conducción del Palacio San Martín, el por entonces flamante presidente Mauricio Macri aseguraba que se trataba de una parte esencial del «mejor equipo de los últimos 50 años» que había elegido para conformar el gabinete. Sin embargo el papel desempeñado por la canciller en su año y más de cinco meses de gestión naufragó en la intrascendencia. 

Malcorra llegaba a ocupar el estratégico Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto tras ejercer la Jefatura de Gabinete de la Organización de Naciones Unidas, trabajando de forma estrecha en el núcleo de colaboradores del Secretario General Ban Ki-moon. Analizado el pasado inmediato de la diplomática, todo parecía indicar que el gobierno había buscado alguien idóneo y con fama internacional para ocupar el cargo. Pero, como suele ser habitual en la política argentina, existía un trasfondo.

No está en discusión la formación y la experiencia previa de la ahora ex funcionaria, sino las intenciones que la movilizaban a desembarcar en el ministerio ubicado en Arenales 761.

La Secretaría General de la ONU se renueva cada cinco años, y los encargados de recomendar al ejecutivo principal de la organización mundial son los países miembros del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China; para otro articulo quedará la falta de democracia imperante en dicha institución. Ahora bien, la última elección se efectuó el pasado 13 de octubre de 2016, y Malcorra aspiraba a lograr ser designada.

Su incursión en cancillería, contactos en el macrismo mediante, respondía a una estrategia para entablar lazos directos con los  mencionados gobiernos y buscar seducir a sus pares de las naciones miembras del Consejo de Seguridad para obtener el aval a su nombramiento como Secretaria General. Con aquel fin utilizó solo para beneficio personal una cartera determinante para el desarrollo de la Argentina y su vinculo con el mundo. 

De ahí que la gestión naufragara en la intrascendencia: ¿aprovechó su influencia internacional para abrir nuevos mercados donde exportar productos fabricados aquí o conseguir inversiones para financiar obras de infraestructura? nada de ello. El único motivo que movilizaba a Malcorra era su ambición, armarse de un puente que le permita sentarse en la cumbre de la ONU.

Cuando se conoció que el Consejo de Seguridad había recomendado al ex Primer Ministro portugués Antonio Guterres como reemplazante del surcoreano Ban Ki-moon, la continuidad de Malcorra en cancillería ya no tenía sentido.

El paso de la ex ministra por el gobierno de Mauricio Macri será recordado con un término principal: fracaso. No solo porque su aspiración se vió truncada por alguien que le sacaba ventaja en el vinculo con los paises que en los hechos gobiernan la ONU, sino porque la Argentina le regaló durante más de un año y cinco meses un área vital para los intereses nacionales a una persona que únicamente lo utilizo a fin de un objetivo individual.