Estamos ante la que quizá sea una de las mejores interpretaciones del año 2018 en el cine por parte de Rami Malek, el actor que interpreta a Freddie Mercury en la película que recrea la historia de Queen, centrándose en la vida del cantante quien falleciera en 1991 a causa de una bronconeumonía derivada del virus del Sida. La espera ha valido la pena.

¿Por qué la espera? Para quiénes no lo saben, este proyecto comenzó en el año 2010 cuando Brian May anunció en una entrevista a la BBC que Sacha Baron Cohen (Borat, El Dictador) era el elegido para interpretar al cantante y que el rodaje iba a dar inicio a finales del 2011, teniendo como principal productora a Tribeca Films, propiedad de Robert De Niro, quien hacía años que mantenía reuniones con el guitarrista y el baterista Roger Taylor, los dos miembros de la banda aún activos. El bajista John Deacon se retiró del mundo de la música luego de la muerte del cantante, considerando que era imposible pensar en llenar el vacío dejado por Mercury.

El proyecto con Baron Cohen no prosperó aunque en 2014 se confirmó a Ben Whishaw (El Perfume: historia de un asesino) como el nuevo Freddie, bajo la dirección de Dexter Fletcher (Kick-Ass). El director se bajó del rodaje por diferencias creativas con la producción y nuevamente todo volvió a cero.

Finalmente en 2015 Brian May anunció -ahora sí- que Rami Malek (Mr. Robot) sería el actor que encarnaría al vocalista bajo la dirección de Brian Singer (Los sospechosos de siempre, X-Men). El elenco se completaba con Gwilym Lee (Brian May), Ben Hardy (Roger Taylor), Joseph Mazzello (John Deacon) y Lucy Boynton en el papel de Mary Austin, pareja de Mercury durante los primeros años de Queen y amiga inseparable por el resto de su vida.

La película parecía tener una especie de maldición ya que después de dos intentos fallidos y faltando poco para concluir el rodaje, Singer no volvió al set después de culminada su licencia laboral. Con menos de media película por terminar, Fox llamó a Fletcher para que termine lo que quedaba, aunque en los créditos figura el nombre del primero.

La banda que no quería ser simple

Se puede decir que la película está hecha para deleite de los fanáticos de la banda y para las nuevas generaciones que quizá desconocen cómo fueron los inicios del grupo; parte de la crítica la tildó de superficial, comercial y hasta ingenua en el modo de contar la historia, ocultando la cara oscura del sexo, droga y rock and roll que se sabe, siempre estuvo presente en la industria musical. Puede ser, pero si hay algo que Queen nunca se propuso es dejar satisfechos a los críticos y esta es una producción que fue supervisada por May y Taylor tanto en el guión como en algunos pasajes del rodaje.

¿Qué significa eso? Que no debería sorprender a aquellos que la atacan por el resultado final; es bien sabido que a lo largo de la carrera del grupo, ellos siempre se encargaron de desmentir y tapar lo que era un secreto a voces: así como su música, las fiestas de Queen no eran algo que pasara desapercibido y las stripers, los enanos sobre una bandeja llena de comida, el alcohol y la cocaína estaban ahí para todo aquel que quisiera.

De manera que puede suceder que algunos la encuentren banal, pero ninguno puede decir que es una película aburrida.

Sin llegar a ser ni un documental o un musical, la película arranca con un ritmo que va de menos a más en su dinámica para narrar la carrera de Queen, poniendo el foco principal sobre la vida de Freddie Mercury. No hacer eso es como ignorar una parte importante dentro del Guernica de Picasso, por poner un ejemplo.

La diferencia entre el Mercury que manejaba al público a su antojo y el Freddie del ámbito privado era abismal, y la película se encarga de mostrar ese contraste en el personaje que se va construyendo a sí mismo tanto a sí mismo como a su alter ego. No es casual que para ello haya dejado atrás el apellido Bulsara para adoptar el de Mercury. Eso también forma parte de su transformación en la figura que fue y el trabajo de Malek para representar esta dicotomía en el cantante es un resultado muy alto desde la interpretación.

Sin dudas el reparto principal de la película se asegura a cuatro personas que no son parecidos a los músicos reales, sino que entran en la categoría de clones de ellos. Si bien todos tienen sus momentos en el film y el Brian May de Lee se acerca un poco más al guitarrista que los otros dos músicos, el premio mayor -hay muchos pidiendo la nominación al Oscar- es para el trabajo de Malek, que a lo largo de la película nos muestra cómo se va metiendo más y más en la compleja historia del cantante.

Esa misma complejidad se traducía en sus composiciones, siendo Bohemian Rhapsody la obra personal con el nivel más alto de sofisticación que se le conoce a Queen. Lo bueno de la narración es que en todo momento se encuentra acompañada por algunos de los éxitos que el grupo iba sacando; esto logra que cuando da la sensación de que el ritmo está por caer en el aburrimiento, aparezca un nuevo hit con las escenas que muestran cómo se grabó. Al hacerlo, la película se encarga de recordar a los espectadores que Queen no es un grupo pasado de moda o un invento del mainstream de esa época, sino que parte del éxito se debió a dos cuestiones puntuales: la primera es que eran cuatro personas que componían con ideas musicales muy diferentes, que discutían hasta el más mínimo detalle de una canción y que justamente de esas discusiones salía lo mejor del grupo. La otra es que siempre estuvieron atentos a la actualidad musical del momento y gracias a eso supieron reinventarse cada vez que fue necesario.

El camino de la banda en la cinta llega hasta el año 1985, más precisamente a los veinte minutos -en la película se los muestran con una duración casi real- del festival Live Aid en el estadio de Wembley. Ese día es el que todos consideran el punto más alto de Queen en el escenario y de Freddie en particular.

El cantante que no quería ser aburrido

El enojo de los críticos también se centra en la displicencia con que se aborda la sexualidad de Mercury en el film. Quejas por no haber aprovechado la cinta para mostrar mediante sus conflictos internos, cómo era la lucha de la comunidad homosexual y el movimiento LGBT que comenzaba la pelea por sus derechos en ese tiempo. Nuevamente se le exige a la ficción una carga moral que no tiene por qué llevar encima, sobre todo cuando se cuenta la historia de un tipo que nunca quiso ser ejemplo de nada.

Y no se trata de temas que el guión elige ignorar, sino que decide mediante el uso de la sinécdoque -la parte por el todo-, hablar de esos temas. Los que pretendan ver escenas de alto contenido sexual u orgías con sustancias ilegales, absténganse de ir al cine. Esta película se centra en otros aspectos y está bien que así sea. Pretender que se coloque la vida privada con todas sus consecuencias por encima del artista que fue Freddie Mercury, es cuando menos una actitud de chusma de peluquería.

La recomendación es similar para los puristas de la historia del grupo: si son de patalear porque la cinta no representa con fidelidad absoluta la cronología de la banda, absténganse de ir. Es cierto que hay incongruencias entre los sucesos reales y lo que se ve en pantalla; puede que el bigote de Freddie aparezca un par de años antes y algún detalle sobre el final que a algunos no les gustará pero tampoco se trata de eso, sino más bien de mostrar el recorrido de la banda y su vocalista del modo que él probablemente hubiera preferido: sin aburrir al público. Así se lo pidió antes de morir a Jim Beach, su representante: “Podés hacer lo que quieras con mi música, pero nunca dejes que se vuelva aburrida”

De eso va esta película. Y para confirmarlo bien vale otra frase de él, dicha antes de todo: de Queen e incluso antes de convertirse en Freddie Mercury: “No voy a ser una estrella de rock… voy a ser una leyenda”.

Y cumplió con su promesa.

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