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EE.UU. y Guaidó atacan

EE.UU. y Guaidó atacan

Por Emilio Ibañez

El gobierno de Venezuela denuncia un nuevo intento para desestabilizar a Maduro, orquestado por el autoproclamado Guaidó y el también opositor Leopoldo López, promotor de golpes de Estado desde 2002 y hoy fugitivo. Con EEUU como principal impulsor de los ataques, un discurso tergiversado circula en los medios oficialistas y confunde a la opinión pública. La incidencia de estos episodios en Venezuela delata una crisis diplomática y una disputa de poder difícil de neutralizar. La participación de Norteamérica como promotor del caos comercial que bloquea a Venezuela no es más que un mensaje claro para Maduro: Gobernamos nosotros o no gobierna nadie. La obsoleta doctrina Monroe sigue reluciéndose en el ideal yanki en un delirio de propiedad sobre todas las naciones latinoamericanas, la repetitiva práctica de profundizar las crisis para luego enviar "ayuda humanitaria" no es más que un cuento con final sabido.

En la madrugada del 30 de abril, Guaidó anunció en sus redes sociales el inicio de la fase final de la “Operación Libertad", episodio que terminó siendo otro ataque fallido de la oposición contra Maduro. Un reducido grupo de militares que promovía un nuevo golpe de Estado, fue controlado con facilidad. Horas después, una marcha del pueblo venezolano hacia el Palacio de Miraflores (sede del Ejecutivo) expresaba su respaldo hacia el presidente Nicolás Maduro. Desde la oposición criticaron el mal desempeño de Juan Guaidó para anticipar y promover la fallida operación.

La disputa política en Venezuela tiene dos caras; la venezolana y la norteamericana. Maduro y Trump, soberanía o injerencia. Guaidó ha quedado expuesto como un simple orador que acata órdenes foráneas a través del apoyo financiero norteamericano, desde que fue reconocido como líder de Venezuela en enero, bajo el pretexto de llevar dinero para estabilizar el país; este apoyo económico rinde como insumo desestabilizador. Sin olvidar que Mike Pompeo, secretrario de Estado de EEUU, le dió derecho a ejercer sobre los activos del gobierno venezolano en Estados Unidos. Una decisión controversial.

La omnipotencia norteamericana logra estas cosas; que el confuso discurso intervencionista de un magnate consiga el reconocimiento de 50 países que ven a Guaidó como presidente venezolano y a Maduro como un tirano. Teniendo todas las de ganar desde lo económico, lo militar, lo mediático y lo diplomático, hay llamativamente un reconocimiento implícito hacia Venezuela. A pesar de los reiterados intentos del Departamento de Estado, la CIA y los líderes de la oposición, hay una sorpresiva solidez del pueblo venezolano que genera respeto. La realidad física supera los zócalos de los medios oficialistas.

A la oposición se le acabaron los calificativos para denominar todos estos finales: «asalto final», «etapa final», «manifestación final», etc. Vienen vaticinando un final que todos esperan pero que nunca llega. Contando con más recursos que Venezuela, ni Estados Unidos ni Guaidó pueden consolidar un auténtico reconocimiento, evidenciando su incapacidad en la práctica de la política convencional.

Desde Estados Unidos ven difícil una intervención militar directa. La semana pasada el equipo de seguridad nacional de Trump y militares se reunieron en el Pentágono para hablar de esta situación. Ante tantos episodios fallidos, ven con miedo la posibilidad de una intervención militar que no prospere, a cuestas de perder más reconocimiento en la comunidad internacional de cara a las futuras elecciones presidenciales. Una derrota más dejaría mal parado a Trump y bien posicionado a Putin, sólido apoyo de Maduro. Las posibilidades de intervención para Estados Unidos son escasas; el reiterado rumor de una intervención militar privada que se despegue de cualquier impronta política, enviar dinero a la frontera de Colombia para luego llevarlo a la frontera con Venezuela, la suspensión de los recursos esenciales (ya consumado) y la desestabilización discursiva a través de los medios.

No podemos dejar atrás a Rusia en este vaivén político. Una estrecha relación entre Chávez y Putin determinó una importante lealtad entre ambos países. El mismo viernes que estaban reunidos los funcionarios de seguridad en el Pentágono, Trump y Putin mantuvieron una extensa conversación telefónica que tuvo a Ucrania, Corea del Norte y Venezuela como puntos principales. Lo interesante fue la postura de Putin, quién resaltó que «solo los venezolanos tienen el derecho a determinar su futuro». Bajo modestos eufemismos, delimitó la injerencia constante e indiscriminada de Norteamérica. Rusia apoya económicamente al Gobierno de Venezuela, rinde apoyo militar y comercial. Junto a China se han posicionado como dos potencias con capacidad de sobra para apoyar a Maduro y crearle problemas a Trump.

El último contacto directo entre Rusia y EEUU fue el lunes 6 de Mayo en Finlandia, en el contexto del Consejo Ártico. Allí se encontraron los titulares de Exteriores, Mike Pompeo y Sergei Lavrov, Ministro de relaciones exteriores en Rusia, dónde discutieron el conflicto de Venezuela. Pompeo reafirmó que sería «imprudente» una intervención militar para Estados Unidos, lo que podría significar una derrota más en su errática política exterior.

Esta semana Venezuela está trazando hacia los nombres responsables del intento de Golpe del 30 de abril. Edgar Zambrano, Diputado de la Asamblea Nacional, es el primer apuntado, detenido por ser participante activo del fallido golpe contra Maduro. La oposición sigue confusa y sin rumbo claro. Guaidó sigue siendo la cara visible de un objetivo sin final visible, Estados Unidos espera el paso de los días y el Gobierno de Venezuela busca condenar los actos golpistas de la oposición.