Espectáculos

Black Mirror: Bandersnatch, un juego con la realidad

Black Mirror: Bandersnatch, un juego con la realidad

Por Maximiliano Muñoz

Netflix cerró el año trayéndonos un nuevo experimento de entretenimiento audiovisual, de la mano de una de sus series más aclamadas: Black Mirror. En esta oportunidad, nos presentaron a Bandersnatch, una película dentro del universo de Black Mirror que sumerge al público en un juego interactivo. Usando el formato de «elige tu propia aventura», la película nos deja adentrarnos en una historia donde el espectador puede elegir que decisiones toma el protagonista, siendo estas influyentes o no en el desarrollo de la película.

La historia nos presenta a Stefan Butler –interpretado por Fionn Whitehead- un joven de la década de 1980 que, obsesionado con un libro en formato de elige tu propia aventura, se mete en la realización de un videojuego con las mismas características. La poca estabilidad mental de Stefan, sumado
a los traumas por la muerte de su madre cuando era un niño, van a traer muchos problemas que servirán para el desarrollo de una historia que cada vez se va haciendo más y más oscura. El relato central en sí, o sea, el esqueleto de todo, no es algo muy novedoso, ni tiene conceptos muy originales –muchas narrativas recuerdan a Matrix de las hermanas Wachowski- y termina siendo una historia más de la serie; pero lo que si enriquece todo el desarrollo, es la conexión entre cada una de estas historias y la sensación de «poder» que se le da al espectador.

Bandersnatch juega mucho con la psicología y la filosofía. El protagonista se debate entre sí en verdad tiene control de sus decisiones, o si son solamente impulsos que no puede explicar (el subconsciente de Freud), y entre que tan real es realidad en la que vive, y si hay algún mundo fuera de lo
que él percibe como real (la teoría de las ideas de Platón). El protagonista va cayendo en un estado casi esquizofrénico, donde la historia va pasando por teorías de conspiración, la mente humana, la paranoia, la muerte, dimensiones paralelas y hacia una realidad muy compleja y oscura. El creador de la película, Charlie Brooker juega muy bien con una especie de libre albedrío falso. Si bien el público comienza teniendo control de las decisiones que Stefan toma –y en un momento parecen ser el villano de la película-, a medida que la historia avanza se deja de tener un control absoluto y a veces se termina entrando en un círculo vicioso de decisiones, donde cada paso que se da lleva a un lugar
diferente, y a veces una misma opción termina adentrándose en algo completamente distinto. La estética visual y la ambientación musical abrumante, termina llevando al espectador a la misma  sensación que el protagonista tiene, y se llega a creer que ni el propio público tiene control absoluto de sus decisiones, logrando ponerlo casi en el mismo escalón de locura que Stefan.

Bandersnatch es bastante entretenido y, en cierto sentido, avanzar y llegar a distintos finales deja al espectador con sed de verla una y otra vez; sobre todo cuando el protagonista es consciente de lo que está pasando y se permite el lujo de romper la cuarta pared y dedicarnos unas palabras. El filme logró con éxito lo que se propuso como formato nuevo dentro del mundo audiovisual, y logró ser fiel al espíritu de su título mayor, Black Mirror, sin ir más allá de lo que la serie ya ha ido. Se mantuvo dentro de un mundo donde la tecnología y su manipulación puede llevar a las personas hasta lo más oscuro
de su ser, y dejar en claro que la humanidad puede muchas veces colgar de una delgada cuerda.