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Análisis de la serie Sherlock

Análisis de la serie Sherlock

Parece mentira pero aún en pleno 2019, todavía hay personas que no han visto la que quizás sea una de las mejores producciones para televisión de los últimos años. Sin duda en este presente donde todo es Game of Thrones,  el resto de las series se pasan por alto, pero dentro de dos semanas se termina y después ¿Cómo se sigue? Bueno, para quienes aún no la vieron, aquí hay una por donde empezar y no porque se trate de un placebo de la otra ya que el show producido por la BBC es justamente, un show producido por la BBC. Eso debería decir todo o casi todo sobre “Sherlock”.

Por Manuel Hutchins 

Porque no es casual que la serie haya lanzado luego a sus dos actores principales hacia las grandes producciones cinematográficas: Benedict Cumberbatch desde 2016 forma parte del universo Marvel interpretando al Doctor Strange, Hechicero Supremo,  mientras que Martin Freeman le puso el cuerpo a Bilbo Bolsón en la trilogía de “El Hobbit”, precuela de “El Señor de los Anillos” también dirigida por Peter Jackson.

El detective del nuevo milenio

Contando con sólo doce episodios repartidos en cuatro temporadas y un especial de navidad, la adaptación a la época actual de las aventuras del detective creado por Sir Arthur Conan Doyle es una demostración de que Sherlock no sólo es un personaje atemporal sino también inmortal. “Conoces mis métodos, John. Soy conocido por ser invencible”, dice Holmes, y hay que creerle.

Sobre la dupla que conforman los actores, la mayoría de los críticos ha dicho que es la mejor que se vio en la historia de la televisión y el cine, lo cual no es poca cosa siendo que Peter Cushing, Christopher Lee, Michael Caine, Robert Downey Jr. y Sir Ian McKellen, fueron algunos  de los muchos que le pusieron el cuerpo al detective del 221B de Baker Street. Posiblemente se trate de los personajes que más adaptaciones hayan tenido, aunque todas ellas siempre se mantuvieron en la época victoriana londinense. Uno de los atractivos de “Sherlock” es su transcurrir en la actualidad de este mundo globalizado, tecnológico y con una sociedad mayormente alejada del corsé prejuicioso y el discurso de la doble moral que regía a finales del siglo XX.

Es cierto que también existe la serie “Elementary”, pero hay varios puntos que le juegan en contra: para empezar, sus protagonistas no son ingleses y el escenario donde se desarrolla la trama es en Nueva York. Y por otro lado, allí hacen más hincapié en su adicción a la cocaína que otra cosa. Dicho esto, volvamos a Sherlock y su vida en el Reino Unido del año 2010.

Uno de los grandes aciertos de la producción es haber llamado a Steven Moffat y Mark Gattis para la adaptación de las novelas del detective a la actualidad. Ambos son los responsables de muchos episodios de la serie “Doctor Who”, otro éxito televisivo de  la BBC a nivel mundial. A su vez, Mark Gattis es un actor de prestigio que dentro del show tiene a su cargo el papel de Mycroft Holmes, hermano mayor de Sherlock con un alto puesto en la inteligencia del gobierno británico. Además de esto, el actor es homosexual y un activista en la lucha por los derechos de la comunidad LGBT en su país. Esta característica no sólo está presente en su vida real sino también en los guiones que escribe, en donde introduce lo que se conoce como “Queerbaiting”, un estilo literario cuya práctica es la de sugerir una atracción sexual entre personas del mismo sexo que luego no llega a concretarse, algo que durante la serie se ve muy seguido entre Sherlock y Watson, dándole un toque de humor muy sutil a situaciones que rompen la tensión que les provoca resolver crímenes.

El canon Holmesiano

Como se dijo antes, traer al detective nacido en 1887 al siglo XXI conlleva muchas diferencias, no sólo porque hay más de doscientos años entre una época y otra sino porque la adaptación debe responder a problemas y situaciones actuales, sin dejar de respetar la esencia del género policial de las novelas de Conan Doyle.

Si bien algunos episodios están plenamente basados en un libro específico, hay otros que combinan hasta tres casos diferentes dentro de un mismo capítulo, sin abandonar por ello el espíritu que la narración y el desarrollo de la trama necesitan. Otras dos características principales son los títulos de los episodios, con leves variantes a los de las novelas escritas; la segunda es el hecho de que en los libros, la voz narrativa siempre ha sido Watson mientras que en el show televisivo el narrador tiene una mirada omnisciente, por encima de todos los personajes.

Amén de esto, se sabe que el detective es uno de los personajes más famosos de la historia literaria mundial, de manera que los británicos mantienen el respeto por los inicios de Sherlock y Watson, que debutaron juntos en “Estudio Escarlata”. El episodio piloto de la serie fue llamado “Estudio en Rosa”, y más allá del color diferente, su amistad comienza del mismo modo.

El universo de Sherlock

Ahora hay que hablar de los personajes que rodean al protagonista y su inseparable amigo y compañero de investigaciones criminales. Mencionamos antes a Mycroft, hermano mayor de Sherlock, del cual este último sostiene que es quien encarna en cuerpo y alma al gobierno británico pese a que el otro se empeña en minimizar su importancia en el mismo. La relación entre los hermanos siempre ha sido difícil, en parte por la competencia intelectual que tienen: basta con decir que uno de los juegos frecuentes de su infancia era el de deducir a través de un objeto la historia del mismo y de la persona a quien pertenecía. Como si su cargo gubernamental no le trajera suficientes preocupaciones, Mycroft vive lidiando con los que su hermano menor puede llegar a provocar no solo al país sino también a la realeza británica. Ambos comparten la misma falta de empatía con el resto de las personas, producto del elevado coeficiente que poseen, pero aún así es Mycroft quien insiste con que él es el más inteligente de los dos, al punto de decirle a Sherlock “Hay veces que hasta tú me pareces lento. Imagínate cómo veo al resto de la gente… vivo en un mundo rodeado de pececitos dorados”. Pero también es justo decir que, con sus obligaciones laborales y su personalidad distante con su hermano menor, la principal preocupación de Mycroft fue, es y será Sherlock aunque se esfuerce en no reconocerlo.

Es por eso que cuando aparece en escena el doctor Watson, Mycroft pone su ojo en el ex soldado que regresó herido de Afganistán. Este hombre que no sabe cuál es su lugar en el  mundo después de haber estado en combate, con una pensión militar que no cubre un alquiler decente en la ciudad, que no encuentra en el psicoanálisis las herramientas para superar la guerra y el temblor psicosomático en su mano izquierda y que no confía en nadie, de repente ha decidido confiar en Sherlock Holmes y resolver crímenes junto a él. En el primer encuentro que tiene con el doctor, Mycroft Holmes sin revelar su identidad le explica  que él es alguien que tiene interés en las actividades del detective y que es lo más cercano a un amigo que Sherlock puede llegar a tener: “Soy un enemigo. Al menos en su mente”. La oferta de dinero a cambio de información sobre las actividades de su hermano es rechazada por Watson.

Con el cuaderno de la psicóloga de Watson en su poder, Mycroft observa que su temblor no lo causa el estrés postraumático, siendo que en ese momento está bajo presión y su mano permanece firme. La conclusión del mayor de los Holmes: “Despida a su terapeuta, ha entendido todo al revés. Usted no está atormentado por sus recuerdos en la guerra. Usted la extraña. La mayoría de la gente que camina por la ciudad sólo ve edificios, tiendas y autos. Cuando uno camina con Sherlock Holmes ve un campo de batalla. Y usted ya lo ha visto. Bienvenido nuevamente”. Así vemos que la serie, contraria a los libros, no sólo se centrará en el detective y sus dones sino también en Watson y la relación de amistad que construirán de allí en adelante. Porque está claro que Sherlock es un hombre que considera la vida como algo lo suficientemente aburrido como para evadirse con drogas hasta que encuentra otro placebo en resolver crímenes; pero también hay algo similar en John, quien a pesar de considerarse una persona que desea tener una vida normal, no es capaz de hacerlo y necesita sentir la dosis  de adrenalina que la guerra le dio. Para aquellos lectores de las novelas de Sherlock Holmes, antes de que empiecen a indignarse por la omisión de Sherrinford Holmes, el hermano del medio, quédense tranquilos porque también sabrán dónde está Sherrinford.

Pero así como existen los amigos del detective, también están sus enemigos, quienes como bien definió Mycroft, son igual de cercanos y necesarios para su vida como el resto. Y si de enemigos hablamos, nadie como James Moriarty, mente maestra del crimen y en  la serie, dueño de la organización criminal más grande del mundo. Si Sherlock es el consultor de la policía para la resolución de los misteriosos asesinatos, Moriarty es su versión malvada por naturaleza: el consultor del crimen. Aunque como suele suceder, el hecho de ser enemigos no incluye personalidades opuestas dentro del combo, más aún son demasiado similares. Inteligencia por encima de lo normal, desencantados del aburrimiento que es vivir, buscando sentido a su existencia y haciendo lo que se les viene en gana, con  la salvedad de que uno juega para el equipo de la justicia y el otro no.

La obsesión de Moriarty para con Sherlock lo lleva a poner en su camino personajes de todo tipo: asesinos seriales, tríadas chinas que manejan el mercado negro de las obras de arte y una dominatriz sexual que tiene sometida a la familia real, entre algunos otros criminales. Si bien aquí Moriarty no lleva el título de “profesor”, sí da cátedra de cómo manejar los hilos de las marionetas que pondrán a prueba las aptitudes de Holmes. El actor Andrew Scott en el papel del némesis principal también realiza una interpretación memorable, construyendo un hombre que va de cero a cien en un segundo, ciclotímico y amenazador sin necesidad de ser alguien musculoso. En realidad, no necesita ser más que lo que es: un mecenas de criminales con una red que llega hasta las más altas esferas. Ante un hombre que no teme a la muerte, la única persona que puede hacerle frente es alguien igual.

La humanización del detective

El arco argumental que subyace debajo de los casos es el de la esperanza en que ese sociópata llamado Sherlock Holmes, consiga con el correr del tiempo descubrir su propia humanidad, aunque sin perder la mordacidad y el humor corrosivo que lo caracterizan. Y lo mismo ocurre con su amigo John Watson. Al fin y al cabo es un camino de redención a través de la amistad de dos personas que jamás hubieran pensado lo que podían lograr juntos. Y no hay mejor ejemplo para concluir esta idea y también el texto, que un diálogo entre ambos donde Sherlock sostiene

  • ¿Sabes? A veces tengo el horrible sentimiento de que al final, todos somos irremediablemente humanos.

  • ¿Incluso tú?

  • No, John. Incluso tú.

Las cuatro temporadas están esperando en Netflix. Aprovechen antes que decidan cometer el error de sacarlas.