DeportesEstudiantes de La Plata

A una década de la última proeza

A una década de la última proeza

 Se cumplen 10 años de la cuarta y última Copa Libertadores de América conseguida por Estudiantes, de la mano de Sabella, Verón y un equipo que quedará en la historia.

Por Francisco Gil.

Hay equipos que están destinados a hacer historia. A veces no necesariamente a ser campeones, pero sí a quedar en la memoria y en la retina de los memoriosos y nostálgicos del buen fútbol. Muchos se aferran de su pasado de gloria e idiosincrasia para lograrlo.

En el fútbol argentino hay muchos. El Huracán de Cappa no fue campeón, pero quedó en la historia por pelear hasta el final sosteniendo las ideas de su escuela, la de César Luis Menotti. El Newell’s de Gerardo Martino fue campeón bajo las influencias de la escuela que plantó, años atrás, Marcelo Bielsa.

Pero nadie alcanzó tanto la gloria como el Estudiantes de Sabella. No sólo por haber conseguido la tan anhelada Copa Libertadores después de 39 años, sino porque también se aferró a los ideales de quienes supieron construir el prestigio que lo acompañó hasta en los momentos más difíciles.

Porque ya lo había hecho Carlos Salvador Bilardo, cuando consiguió la gloria como técnico pincha basándose en las ideas de su maestro y mentor Osvaldo Zubeldía, quien fuera el mayor artífice del éxito de Estudiantes, ganándolo todo años antes de que el narigón comience su carrera como DT.

El Estudiantes de Sabella fue el renacimiento de esas ideas, que Alejandro supo aprehender a la perfección. No podía ser campeón de otra forma que no sea la de respetar su pasado para encarar el presente, como también pasó con los otros clubes mencionados, a pesar de que ninguno haya conseguido lo de éste equipo pincha.

Era la figurita que le faltaba a Verón, la foto que necesitaba para poner en un cuadro al lado de la de su padre, quien había sido héroe de las anteriores gestas. La brujita había llegado para ganar todo en Estudiantes, que era lo único que le falta, y en el momento donde el Pincha más lo necesitaba.

Y así fue como un día como hoy, pero hace exactamente 10 años, los soldados de Sabella viajaban al Estadio Mineirao, en la ciudad brasilera de Bello Horizonte para enfrentar en el partido final a Cruzeiro, con un marcador igualado sin goles, pero con el estigma de haber perdido un año antes en esas tierras, la final de la Copa Sudamericana ante Inter en Porto Alegre, y enfrentando, otra vez, al bullicio ensordecedor de más de 60 mil “torcedores”.

La noche y el estadio se vinieron abajo cuando, a los 6 minutos del segundo tiempo, Henrique pone el 1-0 a favor de Cruzeiro, y parecía que el fantasma de Brasil volvía a aparecer, y cuando a las cuatro mil almas pinchas que se acercaron al estadio se les hacía cada vez más difícil hacerse oír ante la locura de la torcida.

Pero, como si fuese una paradoja de lo que fue su historia con el Club, cuando más lo necesitaban, apareció el capitán. La “brujita” Verón logró filtrar un pase excepcional al lateral pincha Christian Cellay, para que este encuentre, con un centro bajo, los pies de la “Gata” Gastón Fernández que, entre la locura de media ciudad, empezaba a escribir sus páginas como ídolo albirrojo.

El gol de la Gata le devolvió la esperanza al equipo de Sabella, un técnico que hacía sólo unos meses había comenzado su carrera como entrenador y, cuando empezó a haber olor a mística, el olfato del león no falló, porque ese olor le recordaba, quizás, a épocas de gloria y epopeyas, y cuando un león viene herido es más peligroso aún.

Por eso, nuevamente, el emblema pincha Juan Sebastián Verón, otra vez vestido de héroe, elevó un córner que encontró la cabeza de Mauro Bosselli, el temido centrodelantero del equipo, que había logrado lo que, para propios y ajenos, parecía imposible: Estudiantes daba vuelta la final en Brasil.

¿Y quién iba a bajar a Estudiantes después de eso? La mística ya estaba de su lado, quizás haya sido ella quien desvió el remate de Kleber que se estrelló en el ángulo en el último minuto. Justo antes de que el árbitro chileno Carlos Chandía pitara el final, ante los pedidos de Bilardo y Leonardo Astrada, técnico que comenzó el camino en aquella copa, desde el palco.

Mariano Andújar, Christian Cellay, Leandro Desábato, Rolando Schiavi, Germán Ré, Enzo Pérez, Juan Sebastián Verón, Rodrigo Braña, Leandro Benítez, Gastón Fernández y Mauro Bosselli, fueron los héroes del Mineirao que, junto con Sabella, gestaron la última gran hazaña de Estudiantes.

Imagen relacionada

Estudiantes volvía a la gloria. Impensado para casi todos. Imposible hacía cuatro años, donde no jugó la Libertadores por más de dos décadas. Pero parecía que para Verón no había nada imposible, el hombre que volvió para ser campeón, y no le quedó sueño por vengar.