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IT, capítulo dos: Ambiciosa, divertida y brutal

IT, capítulo dos: Ambiciosa, divertida y brutal

Se estrena la segunda parte del filme que trajo de vuelta al terrorífico Pennywise. Vuelve el Club de los perdedores con sus versiones adultas para darnos una mirada más madura sobre la historia de IT.

 

          Andy Muschietti está de regreso con la continuación y cierre de IT, la película basada en la exitosa novela del mismo nombre, escrita por Stephen King hace poco más de treinta años. La historia —para aquellos despistados— nos presenta a los Perdedores, un grupo de siete amigxs que viven en un pequeño pueblo de Maine, Derry. Lugar que está bajo una especie de maldición que lo condena a tener una serie de masacres y muertes misteriosas cada un determinado lapso de tiempo, y que crece bajo la esencia de un ser maligno. Ser capaz de tomar cualquier forma a su antojo, y que se alimenta de los peores miedos humanos. Su plato preferido: los niños. Su forma por defecto: el perturbador payaso Pennywise.

 

          Han pasado veintisiete años desde que los preadolescentes Bill, Richie, Eddie, Beverly, Stanley, Ben y Mike, derrotaron a “Eso”, y lo mandaron a hibernar. Luego de un arranque con una paliza brutal y una muerte sangrienta, el capítulo dos plantea inmediatamente que Derry vuelve a estar bajo el ataque de Pennywise. Si bien el libro narraba la historia de los perdedores peleando con el payaso siendo chicos y grandes, y alternaba ambos tiempos en el relato, el director argentino decidió separarlos en dos películas. La primera parte (2017), fue un éxito en crítica y se convirtió en la cinta de terror más taquillera de la historia, con una recaudación de 700 millones de dólares. Fue una cinta que logró condensar muy eficazmente una historia tan rica como la de la novela original; ofrecía un antagonista encarnado magníficamente por Bill Skarsgård, un guión con gran ritmo y que mezclaba  terror, humor y aventura, y un grupo de protagonistas más que entrañables. Así, la segunda parte llega con gran ambición y una vara altísima.

Time to float play

 

          IT capítulo dos devela la clara posición con la que Andy Muschietti se paró frente a ella. Luego de una primera parte más bien cuidada para satisfacer a los acérrimos fans del libro, en esta nueva cinta el director se mete de lleno a experimentar con el universo de Eso, en una historia muchísimo más codiciosa. Hay que decir que este filme es también ampliamente más fiel al libro en cuestión de la estructura con la que se nos narra las aventuras de los perdedores adultos. Además, Muschietti profundiza de gran manera en toda la mitología que gira en torno a Pennywise, además de ahondar más en su origen. La creación de Eso involucra —al igual que el libro— una mirada más fantástica y mística, y este filme se presenta con una ambición enorme al transmitir en pantalla algo que ya en el libro era complicado de explicar. Y ciertamente, IT dos lo maneja eficazmente y logra moldear todo, eligiendo como hilo conductor a aquello que funcionó muy bien en la primera parte: la amistad entre los perdedores.

 

          La película comienza de manera rápida, va directo al grano y nos presenta a cada uno de los perdedores y el qué es de sus vidas. Casi todos se han ido de Derry, a excepción de Mike que quedó atado al pueblo, y es quien se encarga de contactar a cada uno de sus amigos que, sin embargo, recuerdan poco y nada de aquel verano. Gran parte del desarrollo de la película se centra en recuperar estas memorias y en los preparativos de una batalla final que se corre hacia los últimos cincuenta minutos de un cierre explosivo. El camino por el que transita la cinta varía entre puntos positivos, pero también negativos, que marcan diferencias en la esencia con respecto a la primera película.

 

          Lo mejor del filme corre por el constante sentimiento de nostalgia que maneja, y cómo utiliza muchísimos flashbacks que dialogan con el presente. El pasado y el ahora, los niños y los adultos, se alternan una y otra vez, logrando un rápido apego emocional con la historia. Por otro lado, tanto Muschietti en la dirección como Gary Dauberman en el guión, se tiran de lleno a un banquete de sustos y secuencias que son ricas en creatividad; y más con un personaje tan maleable como Eso. Se nota la mano de un Dauberman que ha basado su carrera en el género de terror, y específicamente en el ingenio a la hora de pensar en formas de asustar; el guionista ha trabajado para la serie ¿Le temes a la oscuridad? (1990-2000) y para gran parte del universo de El conjuro. El nivel de gore es mayor, así también como el CGI y los efectos especiales, que se duplican y hasta triplican con respecto a su predecesora. 

          Además, no sólo aumenta lo grotesco, sino también el humor. En el 2017, Muschietti alternaba más diferenciadamente entre el terror y la comedia. Cuando había que asustar se asustaba; cuando había que dar risa se lo hacía. Pero en este filme, las dos facetas van constantemente de la mano, permitiendo escenas donde lo asqueroso, lo satírico, lo perturbador y hasta la parodia, se complementen perfectamente, creando así una historia de puro entretenimiento, y alejándose del género estricto del terror. El director se permite divertirse y jugar con los personajes y la trama —hasta hay un magnífico cameo del mismísimo Stephen King— y nos muestra un lado de la cinta que por momentos sabe reírse de sí misma. Y esto, si el público se quita el chip de película de terror, en verdad que funciona.

 

          Los personajes y el elenco son de lo mejor. Si bien al inicio, la relación entre los adultos es algo distante y hasta incómoda, poco a poco encuentran su lugar y se crean una linda dinámica entre todos. Aunque, sin dudas, no tanto como el grupo de actores más jóvenes, que son los que rescatan la película cada vez que aparecen. Si bien se pensaba que James McAvoy y Jessica Chastain serían los que tendrían más atención, son los personajes de Eddie —James Ransone— y, especialmente, el de Richie —Bill Hader— los que se roban gran parte de la película. Bill Skarsgård, como Pennywise, repite una gran interpretación aunque en mucho menor espectacularidad, ya que la historia lo opaca un poco, sea por el CGI o por el mismo club de los perdedores.

 

          Lo malo. El principal punto negativo tiene que ver con su duración de casi tres horas. En un inicio, el metraje original era de cuatro, pero el corte final terminó sacando una hora que, sin embargo, no evita que la cinta se torne lenta por momentos. No lenta porque sea aburrida; para nada. Sino porque después de un arranque veloz, la pelea final queda lejos y el nudo de la historia se siente muy estirado. Hay partes y escenas que se sienten repetitivas, y algunas parecieran que sirven más para dar algún susto que para profundizar en la psicología de los personajes a través de sus miedos —unos que vuelven a repetir de la primera parte—. 

 

          Pennywise es mucho más burlón y oscuro, pero aparece, quizás, con un exceso de criaturas que arruinan un poco el factor sorpresa que tanto había funcionado en la primera parte; esta segunda cinta se vuelca más por privilegiar la espectacularidad por sobre una manipulación más psicológica. Pero contradictoriamente, si se piensa en qué es lo que se puede cortar o eliminar para equilibrar más el tiempo, no hay una respuesta certera. En el producto final, la película se construye muy lentamente a través de escenas que en un comienzo parecen no tener razón de existir. El sentimiento de estar viendo algo extenso persiste, pero al fin y cabo se vuelve difícil cambiarle algo sin que esto cambie el sentido la totalidad. Sin dudas, fue la mejor manera que el director encontró para condensar toda la información y recursos que tenía a la hora de afrontar la historia. 

 

El significado de la amistad

          En conclusión, IT capítulo dos termina por ser un gran cierre para una enorme adaptación de una de las novelas más exitosas y ricas de Stephen King. Pasa algo similar que con la reciente Había una vez en Hollywood, de Quentin Tarantino, en donde las casi tres horas de duración son difíciles de asimilar en una primera vez —y más con el poderoso final—; pero sin dudas, es un filme disfrutable y que merece ser visto una segunda vez para darle una nueva interpretación. La ambición que vino de la mano de un éxito como lo fue el de la primera parte, casi le juega una mala pasada a Andy Muschietti. Ya que es una cinta donde en gran parte se tiende hacia lo «mirá que creativo y espectacular que puedo ser», más que por narrar una historia con un enfoque profundo en la construcción de sus personajes adultos. 

 

          A pesar de esto, es la mirada infantil y la alternancia con los actores jóvenes, lo que rescata a la película. La nostalgia es el factor fundamental, y el mensaje de unión y amistad es que el que prevalece de comienzo a fin. Un desenlace que aporta mucha emotividad a un cierre más que redondo. ¿Supera al capítulo uno? No; pero esto es porque a pesar de no ser tan estruendosa, la IT del 2017 era muy efectiva ya con lo que presentaba. Esta nueva cinta dura más, tiene más presupuesto y tiene a un Andy Muschietti «en su salsa»; pero ambos filmes resaltan por lo principal, por sus protagonistas, por el club de los perdedores con el que cualquier niño o hasta adulto puede sentirse identificado. Con un mensaje que atraviesa a ambas películas, de enfrentar a los miedos propios, no simplemente desde la soledad para demostrar más valentía, sino por el significado de «aquella otra persona» que nos acompaña.