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Las reinas del crimen: feminismo sin sororidad

Las reinas del crimen: feminismo sin sororidad
  Se estrena «Las reinas del crimen», un filme que a través de un gran elenco y una historia sobre mafias, falla en dar el mensaje querido.
Por Maxi Muñoz
 Escrita y dirigida por Andrea Berloff, The Kitchen -como se llama originalmente-, presenta la historia de tres mujeres, esposas de tres líderes de una mafia irlandesa en la ciudad setentera de Nueva York. Ellas han pasado toda su vida encargándose de tareas domésticas y estando siempre por debajo de sus maridos. Pero luego de que los hombres de la familia fueran arrestados y procesados por el FBI, las tres mujeres se enfrentan a una organización que las subestima desde el primer momento.
          Andrea Berloff presenta con esto su ópera prima como directora; si bien ha estado en el mundo del cine desde hace más de una década, lo hizo como guionista. Quizás las más recordadas sean Las Torres Gemelas, del 2006, protagonizada por Nicholas Cage y Michael Peña, la cual representaba la tragedia del 11-S; y también la película biográfica Straight Outta Compton, del 2015, sobre el grupo N.W.A, pionero en la música urbana afroamericana, la cual dio origen al género gangsta rap.
Las reinas del crimen se adentra en el mundo mafioso de los años setenta, pero buscando dar una vuelta de tuerca más moderna, al centrarse en el crecimiento de tres mujeres en la organización. Las protagonistas son interpretadas por tres reconocidas actrices: Melissa McCarthy, quien tiene un gran trayecto en la comedia, pero que se ha adentrado a su lado más dramático con un reciente éxito de crítica como lo fue Can you ever forgive me?; Elisabeth Moss, quien participó de la célebre serie Mad Men, aunque ha obtenido un reconocimiento rotundo por su papel de June en la distópica The Handmaid’s tale; y Tiffany Haddish, quien al igual que McCarthy ha cosechado un éxito gracias a producciones cómicas, pero en su caso en la televisión.

La cinta tiene una clara visión de un tratamiento feminista a un género de gangsters que históricamente ha pertenecido a hombres. Así, la historia comienza de una forma muy rápida, yendo al grano sin dar una especie de mediación. Luego de que sus maridos sean atrapados por el FBI, la organización criminal -a pesar de ellas ser las esposas de sus jefes- decide no darle atención y abandonarlas a su suerte. Por esto, las tres protagonistas, cansadas de una vida de maltratos tanto psicológicos como físicos, deciden poner las manos en el asunto y hacerse cargo de la organización. Con un elenco sólido, una historia llamativa y un género de mafia, Las reinas del crimen parece una película con éxito asegurado. Sin embargo, el producto final es un filme ausente en emoción y que termina perdiéndose en su propia propuesta.
Uno de los primeros puntos que falla en la historia, es su estructura narrativa y el ritmo con el que Berloff decide afrontar cada cosa. El inicio es uno que va directo al grano, por lo que puede llegar a sentirse de una manera abrupta, o no, dependiendo de los gustos de cada uno. Pero este comienzo rápido le juega una mala pasada en dos aspectos. Primero está el ritmo de la película, el cual es uno muy irregular. A pesar de una introducción rápida, el resto del metraje es una historia donde no hay grandísimos sobresaltos hasta una hora después del filme, por lo que corre el peligro de volverse algo tedioso, y donde hay baches en la dinámica de lo narrado.
Lo extraño es que, a pesar de que la manera de contar las cosas -narrativa y cinematográficamente- sea irregular, los hechos propios de la historia pasan rápido. Para no confundir, Las reinas del crimen puede definirse como una historia con sucesos que van cambiando de una escena a la otra, sin ningún factor que nos haga procesar todo, pero que en su forma de contarla roza con una historia casi sin alma.
Aquí viene otro de los grandes puntos negativos del filme, el segundo aspecto del inicio casi abrupto. Si bien las tres actrices hacen un gran trabajo interpretativo, la historia no permite que sus personajes logren un verdadero desarrollo. Ya desde los primeros minutos se las posiciona como tres mujeres con una personalidad fija: McCarthy hace de una madre compasiva, la más buena del trío, pero la más inteligente; Hadish es la mujer ruda, la que odia a todo el mundo, y la que es más ambiciosa; y Moss es la más callada, la más sufrida pero también la más vengativa.

La película nos presenta varios elementos que avalan el comportamiento de cada una, desde un marido que si bien es bueno no la deja participar directamente de los asuntos de la mafia, hasta uno que es violento física y verbalmente. Sin embargo, son tantos los saltos de un momento de la historia a otro, que llegado el final de la película, las tres protagonistas nunca lograron desarrollar una personalidad que vaya más allá de su carácter más superficial. Esto perjudica en generar una relación verdadera con el espectador, más allá de una empatía que nace por diferenciarse con el machismo de todo su círculo cercano, pero se pierde hacia el final debido a que no transmiten nada más fuera de eso.
Por esto es que la historia cae en el hecho de sostenerse solamente por diálogos, situaciones y construcciones que nunca se sienten orgánicas. En ningún momento se siente un peligro concreto por las tres -o por lo menos se pierde muy rápido- ya que la mafia nunca muestra deseos fuertes de derribarlas. La historia termina atando cabos de una manera hasta casi forzada, en dónde el resto de personajes secundarios no tienen peso alguno y sólo están para una conveniencia del guión.
Así, la película pasea por las tres protagonistas que, a pesar de mostrar un inicio interesante, terminan convirtiéndose en personajes superficiales, y hasta por momentos predecibles. Si bien hacia el final Berloff presenta dos hechos -un giro argumental y una revelación sobre un personaje- que se suponen cambiarían por completo el rumbo, todo el camino poco afectuoso por el que se pasó, hacen que cualquier tipo de emotividad se pierda, y peor aún, toda credibilidad de lo que se ve.

En definitiva, Berloff trae una historia que con el correr de los minutos, nunca logra encontrar una fuerza narrativa que le dé una emoción más fuerte al filme, lo que genera estancamientos. O por lo menos, cuando alguno de estos intentos se hace presente, su trato es tan anticlimático que se vuelven hechos muy poco orgánicos. El mundo presentado es interesante –gracias al gran diseño de producción-, pero sus personajes secundarios no resaltan, y las protagonistas terminan encerradas en una personalidad chata, que no permite abrirse hacia otras exploraciones.
Con un relato rápido, y en el que se nota faltaron por lo menos unos veinte minutos más de película para equilibrar mejor las cosas, Las reinas del crimen tampoco termina cumpliendo con su objetivo de mensaje feminista. Todo lo contrario, el final termina enfrentando a sus protagonistas, quienes caen en los juegos de los hombres y terminan distanciadas la una de la otra. Sin dudas, la sororidad entre mujeres es algo que se pierde y el “sálvese quien pueda” le termina ganando a cualquier intento de unión femenina que la historia haya querido abordar. Una película que pasea entre ser entretenida y estancarse, que no deja para nada con una sensación de satisfacción.